por Mario Della Cioppa*
Hay momentos en los que ya no es posible simplemente observar. ¿Quién pasó su vida? dentro de los establecimientos, aprenda a reconocer cuando lo que está sucediendo ya no es fisiológico sino que indica un cambio más profundo. No es una percepción. Es el resultado de lo que ves, de lo que escuchas, de lo que has experimentado durante años. Lo que estamos presenciando ya no puede leerse como una secuencia de episodios aislados. El referéndum, el clima que lo acompañó, el recurso cada vez más omnipresente a la propaganda: todo indica una dirección precisa.
No es el hecho aislado lo que cuenta, sino el método que orienta progresivamente la acción pública hacia la búsqueda de un consenso más que hacia la resolución de los problemas reales de los ciudadanos. No gobernamos para influir en la realidad sino para representarla.
Esta parece ser una elección con consecuencias claras: se anuncian cambios radicales pero la verificación real sigue sin respuesta. Pregúntate: ¿Funciona mejor la justicia? ¿Es la seguridad más efectiva? ¿Está mejorando la atención sanitaria? La respuesta es un deprimente no. Es en este terreno que aparece la distancia entre lo declarado y lo que sucede, lo prometido y lo no hecho.
Sin recordar los numerosos acontecimientos de diversa índole que afectaron a representantes del ejecutivo, en una secuencia que acabó debilitando la credibilidad general, no podemos dejar de señalar que a estos niveles no sólo está en juego el comportamiento individual, sino también la credibilidad de las instituciones. Cuando la responsabilidad política no se asume plenamente, el problema ya no es personal: se basa en roles, como si el servicio público se estuviera volviendo gradualmente hacia la utilidad de quienes lo ejercen en lugar de orientarse hacia la utilidad de quienes lo ejercen. sirviendo a la comunidad.
En esta lógica también debemos leer la dirección dada a las principales iniciativas de reforma. Ley electoral, mandato del Primer Ministro, separación de carreras y función del fiscal. Caminos diferentes pero todos orientados en la misma dirección: ¡primacía del ejecutivo! De hecho, ninguna de estas “reformas” interviene en los graves problemas del país, sino sólo en el equilibrio, redefiniendo gradualmente los espacios de poder para hacerlos más sólidos, llegando incluso a utilizar el instrumento del referéndum para afectar a grandes estructuras constitucionales, anulando de hecho las Parlamento como lugar natural de elaboración y síntesis.
Se trata de iniciativas que, en conjunto, contribuyen a hacer el sistema más cerrado, más autorreferencial, menos permeable a la comparación pero cada vez más funcional a una transformación progresiva de la democracia en un aparato: una estructura que tiende cada vez más a protegerse a sí misma que a cuestionarse. Y cuando la comparación se desvanece, también lo hace la capacidad de elegir. las mejores soluciones. Las diferentes posiciones ya no se viven como un elemento fisiológico y necesario sino como un obstáculo. Así, la dialéctica democrática pierde su función y se convierte en forma.
El referéndum representó una señal clara: esta orientación no era compartida. Pero lo importante no es sólo el resultado. Este es el método con el que intentamos conseguirlo.
El vacío de la democracia se produce no sólo en sus formas, que permanecen intactas, sino en su capacidad de tener impacto. Es por la forma en que “decidimos” que se mide la sustancia de un sistema democrático. Cuando esta sustancia se reduce, se abre un espacio que es ocupado progresivamente por una concentración de poder, en un marco que sigue presentándose como normal. Las democracias no siempre colapsan de repente. Se pueden vaciar lenta pero gradualmente desde el interior.
Sin embargo, sería un error simplemente criticar a quienes gobiernan. Incluso del otro lado, no surge ninguna propuesta adecuada: fragmentación, dificultad construir una línea comúncorre el riesgo de reproducir las mismas limitaciones. Quien quiera representar hoy una alternativa creíble tiene una responsabilidad específica: demostrar una discontinuidad real en los hechos. Pero antes debemos tomar conciencia del problema.
Después de cuarenta años de servicio en una institución, esta es la observación de quienes conocen los mecanismos y ven sus consecuencias. Cuando la distancia entre el servicio público y su significado se amplía, el problema ya no es el único política. Ya es institucional. Y por tanto, necesariamente, democrática.
*Ex comisario de policía de Roma y prefecto