Cuando una periodista del Washington Post, Natalie Allison, llamó a Donald Trump a su teléfono móvil en mitad de la noche, después de que Estados Unidos acababa de lanzar una serie de ataques en territorio iraní, escuchó de fondo el sonido de un canal de noticias que informaba a Estados Unidos de los últimos acontecimientos en un conflicto que acababa de comenzar y del que nadie sabe el resultado. “Lo único que quiero es libertad para el pueblo iraní”, le dijo el presidente estadounidense desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida.
Poco antes, en su discurso a la nación, Donald Trump había situado el debate en otro terreno: el riesgo que representa Irán para Estados Unidos, debido al desarrollo de un programa nuclear y balístico que algún día podría ser utilizado contra Estados Unidos. Las múltiples razones dadas parecen vagas e inconsistentes para muchos.