Disponible en RaiPlay, gratuitamente bajo demanda, Milano calibre 9, de Fernando Di Leo, primer capítulo de su trilogía intermedia (los otros son La ma ma ordina e Il boss) y ejemplo del conflicto político y moral que siempre ha enfrentado a izquierda y derecha, en el clima ideológico de la Italia de principios de los años 70. Más que el enfrentamiento en el corazón de los bajos fondos milaneses, el verdadero contraste, en la película de 1972, se sitúa en la comisaría, entre el comisario de “derecha”, interpretado por Frank Wolff (en la foto), y el subcomisario Mercuri, de “izquierda”, interpretado por Luigi Pistilli. A estos últimos les lanzamos bromas como “Detengamos a los que ahuyentan a los que no tienen casa, a los que golpean a los estudiantes, a los que dispersan a los trabajadores, hay agentes para eso” o “Hasta ahora siempre hemos estado al servicio de los ricos… Pero díganme cuando ya hemos golpeado a los ricos. ¿Está siempre el mal donde están los trabajadores y los estudiantes?
En el conflicto entre los dos comisarios existe ya una división italiana que nunca se ha cerrado: por un lado, están los que saben que sin orden, sin autoridad y sin responsabilidad personal, la ley pierde su fuerza; por el otro, quienes buscan atenuantes sociales incluso en casos de violencia e ilegalidad. De esta Milán sucia y feroz emerge una verdad que medio siglo nunca ha borrado del todo: cuando el Estado retrocede, no son los débiles los que ganan, sino los violentos.