El 4 de octubre de 2025, la tranquilidad del pueblo de Fourau, en el noreste de la isla de Malaita (Islas Salomón), se vio perturbada por un acontecimiento que sus habitantes habrían evitado voluntariamente. Ese día, dos primos, Reubenson y Martín Fugui, estaban pescando en alta mar cuando vieron un barco de fibra de vidrio de 50 pies de largo a la deriva en el agua. En el circuito de combustible, una inscripción: “Hecho en Colombia, 2024” – Las últimas dudas de la policía se disiparon: se trataba en realidad de un “narcosubmarino”, esos submarinos caseros utilizados por los cárteles para el transbordo de cocaína, a menudo abandonados una vez entregada la carga.
Comunes desde la década de 1990 entre Colombia, México y Estados Unidos, estos dispositivos ahora están llegando al Pacífico Sur. En las Islas Salomón, al menos tres fueron encontradas cerca de la costa entre julio y noviembre de 2025. Una señal alarmante, según John Coyne, director del programa de seguridad fronteriza del Instituto Australiano de Política Estratégica, un grupo de expertos creado por el gobierno australiano en 2001: “Ya no hablamos de globos de prueba. Lo que vemos hoy es una fase de consolidación: las redes invierten, avanzan hacia la gama alta y se establecen. »
La alerta se está extendiendo ahora a los territorios franceses del Pacífico. En Nueva Caledonia, hasta ahora protegida de las drogas duras, varios casos han aparecido últimamente en los titulares. El 22 de julio de 2025, el tribunal de Numea condenó a 11 personas por tráfico de cocaína, entre ellas pescadores de langosta de Isla de Pinos, implicados en un escenario de tráfico internacional que claramente escapaba a su control.
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