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El resultado era predecible. El jueves 9 de abril, durante la quinta y última sesión de negociaciones sobre la regulación de los contratos cortos, los interlocutores sociales no lograron llegar a un acuerdo. Este impasse no sorprendió a nadie, ya que las diferencias habían sido muy profundas desde que comenzaron las conversaciones el 28 de enero.

Los empresarios y los sindicatos decidieron iniciar un debate sobre esta cuestión durante el compromiso alcanzado en mayo de 2025 sobre el bonus-malus. Este mecanismo, aplicado a partir de 2022 en algunos sectores de la economía y que pretende frenar el uso de contratos de corta duración, consiste en modular las cotizaciones al seguro de desempleo en función de la frecuencia con la que un jefe se separa de sus empleados.

La última reunión puso fin a dos meses de negociaciones que parecían dar vueltas en círculos, con los distintos protagonistas estabilizando sus posiciones a lo largo de las semanas. Los sindicatos querían imponer más restricciones para alentar a las empresas a favorecer los contratos a largo plazo. Los representantes de los empleadores querían más libertad y flexibilidad para ampliar los períodos de trabajo.

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