Emmanuel Macron, privado de su mayoría presidencial, parece haber abandonado finalmente la idea de desempeñar un papel central en la votación del presupuesto y en todos los aspectos de la vida política nacional. Gana terreno dedicándose a la política exterior, en la que puede presumir de defender una línea generalmente mayoritaria. Y hace lo mismo preocupándose por el papel corrosivo de las redes sociales, del ecosistema de información digital formado por algoritmos.