El mundo devastado por guerras e injusticias regresa en palabras de Papá. En vísperas de Pascua, León XIV levantar su llamar a “no dejarse paralizar” por el mal. Porque también se pueden sacar piedras de nuestras tumbas. EL Pontífice enumera los males de nuestro tiempo: “desconfianza, miedo, egoísmo, resentimiento”, pero también “guerra, injusticia, cierre entre pueblos y naciones”. Son rocas, piedras “tan pesadas y tan bien custodiadas que parecen inmóviles”.
Pero no es así, indica el Pontífice, porque “muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios, las han eliminado, quizás con gran dificultad, a veces a costa de la vida, pero con frutos de bien de los que todavía hoy nos beneficiamos”, añadió, subrayando que “tuvieron el coraje de hablar” con “las palabras de Dios”. De ahí el llamado a encontrar una salida: “Dejémonos inspirar por su ejemplo y, en esta noche santa, hagamos nuestro su compromiso, para que en todas partes y siempre, en el mundo, crezcan y florezcan los dones pascuales de armonía y paz”. La misa comenzó solemnemente a las 21 horas, en el atrio de la Basílica de San Pedro, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual. Luego la procesión hacia el altar con el cirio pascual encendido y el canto del Exsultet. Luego, la Liturgia de la Palabra, con un retorno a la tradición, es decir a las nueve lecturas que el Papa Francisco había podado y reducido a cinco.
Otro regreso a la tradición es el momento de la vigilia, por la tarde, después de que los dos últimos Papas hubieran anticipado el inicio de la misa al final de la tarde. Durante la misa, el Papa León bautizará a diez adultos: cinco de la diócesis de Roma, dos de Portugal, dos de Gran Bretaña y uno también de Corea. Después del viacrucis, enteramente basado en las heridas causadas por las guerras, también la noche de Pascua, la primera de León XIV, no puede dejar de tener en cuenta el momento difícil que vive el mundo y esta llamada a buscar caminos de diálogo y de reconciliación, incluso donde parecen imposibles. “El santo misterio de esta noche disipa el odio, somete la dureza de los poderosos, promueve la armonía y la paz”, comenzó el Papa en su homilía reviviendo las palabras del ‘preconiò, el solemne himno litúrgico cantado al inicio de la Vigilia Pascual, porque “Dios, a la dureza del pecado que divide y mata, responde con la fuerza del amor que une y restaura la vida”.
Y luego, ésta es la invitación del Papa, “también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo de paz y de unidad”. La Conferencia Episcopal Italiana, en su mensaje de Pascua, subrayó: “No podemos acostumbrarnos” a las guerras y a la violencia y la Pascua nos recuerda que “el mal no tiene la última palabra”. El cardenal Pierbattista Pizzaballa de Jerusalén dijo en su homilía: “Dios no espera el fin de nuestras guerras para comenzar a resucitar la vida. Comienza en la oscuridad. Comienza en el silencio.
Comienza en la tumba aún cerrada.” Mañana León