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Demasiado, fue demasiado. Con once nietos y quince adultos, entre padres y abuelos, este año Elisabeth había propuesto a su familia poner fin a los regalos navideños. “Habría ahorrado tiempo y dinero”, susurra este hombre de 50 años en pleno cambio de carrera, que admite que “no es una persona muy emocional”. Pero “tuve reacciones de indignación”.

La contrapropuesta llegó muy pronto: organizar un Papá Noel secreto, donde todos saquen el nombre de la persona a sorprender. Para su cuñada, Elisabeth eligió un estuche de belleza con crema para los ojos y otros exfoliantes. «Gracias a esto pudimos limitar el presupuesto para este momento simbólico en familia, manteniendo el espíritu navideño. »

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