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Verdiana Bonaccorti regresa a Verissimo para hablar del dolor causado por la muerte de su madre Enrica Bonaccorti, fallecida el 12 de marzo de 2026 a la edad de 76 años tras una batalla contra una enfermedad. En el estudio, es una historia íntima y conmovedora, hecha de presencia, gratitud y un vínculo que se mantuvo muy fuerte hasta el final: “Estoy suspendido, pero estoy orgulloso de ella. Mamá siempre está dentro de mí, a mi lado”, dice.

Empeoramiento y sangrado

Verdiana cuenta los días más difíciles, empezando por el repentino empeoramiento del estado de su madre: “El 18 de febrero tuvo una enfermedad, una hemorragia y fue operada. De repente su estado empeoró, perdió mucha sangre, me encontré firmando cosas”.

Luego el recuerdo de esos momentos frente al quirófano: “Solo abracé al cirujano, le dije: ‘Haz un buen trabajo’”. Y nuevamente: “Mamá estaba bien en cuidados intensivos, se recuperó en 5 días. Tenía los dedos ocupados y por eso me pidió que le escribiera su libro, sabes que es respetuosa”.

En la sala de Silvia Toffanin, Verdiana cuenta que se mudó a la clínica para estar al lado de su mamá: “El 11 de marzo fue la presentación del libro y el 12 se fue volando. Estuve ahí con ella. Me mudé a la clínica 22 días y estuve en una realidad paralela, éramos compañeras de cuarto”. Luego agrega: “20 días surrealistas donde éramos muy cercanos, amigos.

Un momento maravilloso juntas.” Un tiempo suspendido, en el que madre e hija compartieron todo, hasta los pensamientos más simples: “Ella habló de todo, tuvo que disculparse porque la presentación del libro tuvo que ser trasladada, porque no podía contestar el teléfono”.

las ultimas horas

El pasaje más conmovedor se refiere a las últimas horas de Enrica Bonaccorti. Verdiana dice: “Pasó lentamente, una noche mágica, algo espiritual”. Y explica que tuvo en su entorno a una persona acostumbrada a trabajar con enfermos terminales, que la ayudó a leer este momento con mayor claridad: “Esa noche, como siempre, estaba agitada, enojada, impaciente. Ella me dijo: “Si no la dejas ir, no se irá”.

Luego el gesto final, el más íntimo: “A las seis de la mañana esta señora se fue. Me acosté con mamá, hablé con ella, le dije que la dejaba ir, que ya todo estaba bien, y una hora después se fue”. Una historia que termina con una dolorosa comprensión: “Fue simplemente mi egoísmo mantenerla cerca de mí”.

Verdiana termina su relato con una frase que resume su relación: “Ella y yo fuimos complementarios hasta el final. Es una columna que se rompe, pero hay que mantenerse recta. Renato Zero estuvo a su lado casi todos los días. No pudo estar en el funeral porque tenía un concierto, pero se encargó de la música del funeral”.

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