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Al menos 200.000 soldados están desplegados en Venezuela contra la que se define como la amenaza “imperialista” estadounidense, mientras aumenta la tensión en el Caribe con la llegada del portaaviones USS Gerald Ford, el mayor bajo el mando del Pentágono, a punto de unirse a su grupo de ataque formado por más de cuatro mil marineros y decenas de aviones de combate. Y si el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, que lidera la movilización en el país sudamericano, garantiza que “el pueblo está dispuesto a luchar hasta la muerte”, la líder opositora María Corina Machado habla en lugar de “horas decisivas” para la derrota del régimen chavista, prometiendo una “transición ordenada, pacífica e irreversible”. Mientras tanto, Moscú, vinculada a Caracas por una asociación de cooperación estratégica, envía carga con las primeras entregas para reforzar los sistemas aéreos, con unidades Pantsir-S1 y baterías Buk-M2E. El despliegue venezolano comenzó en la madrugada. Las regiones de Apure, Cojedes y la zona de la capital, Caracas, fueron las primeras en activar sus fuerzas y medios, luego de que el mandatario sudamericano promulgara la ley sobre el Comando para la Defensa Integral de la Nación. Una disposición encaminada a establecer líneas de acción estratégicas, para salvaguardar “la soberanía, la paz y la integridad territorial”. “Esta ley retoma la doctrina militar bolivariana zamorana frente a las amenazas de los gringos”, aseguró Maduro, explicando que las fuerzas armadas en esta fase tienen como objetivo proteger “infraestructura sensible como electricidad, agua, gas, alimentos, gasolineras, transporte y principales vías de comunicación”.

De hecho, el ejército se prepara para afrontar una potencial invasión estudiando acciones guerrilleras: por un lado, una admisión clara de las deficiencias del sistema de defensa venezolano, pero también una estrategia que ya ha dado resultados contra Estados Unidos, desde Vietnam hasta Nicaragua. La idea es la de una “resistencia prolongada”, en palabras del gobierno en la televisión estatal, con pequeñas unidades militares involucradas en acciones tácticas y de sabotaje en más de 280 puntos de todo el país. Actividades que involucran a unos 60 mil hombres entre el ejército y la guardia nacional y que deben ir acompañadas de la estrategia de “caos y anarquía”, contando con los servicios secretos y partidarios del establishment chavista para crear desorden en las principales ciudades y hacer ingobernable el país. En este escenario de guerra sucia, tras los bombardeos estadounidenses a presuntas embarcaciones narcotraficantes, que provocaron la muerte de al menos 76 personas, crece también la preocupación por los cientos de presos políticos víctimas de la represión postelectoral y desaparecidos en las celdas del régimen de Maduro. “Estamos siguiendo con mucha atención la situación en Venezuela y la de nuestros conciudadanos detenidos. Estamos haciendo todo lo posible para sacarlos de las prisiones de Caracas”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, reiterando la intención de “traer a casa a los prisioneros italianos, incluido Trentini”, que está en prisión desde hace un año.

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