Un día alguien tendrá que escribir la historia secreta de grandes emprendedores. Porque hay una historia secreta que nadie conoce: la de sus compañeros de toda la vida. Ese día se dedicará un capítulo a la señora Maria Franca Fissolo, esposa de Michele Ferrero y madre de Pietro y Giovanni.
María Franca Fissolo Ferrero falleció a las cinco y media de la mañana en su casa de Altavilla, en la primera colina de Alba. Recientemente había cumplido ochenta y siete años. Para todos, en la ciudad como en la fábrica, fue la segunda alma de Michele, el empresario italiano que dio forma, con Nutella y su capacidad para construir una red de empresas internacionales fiscalmente correctas e industrialmente ventajosas, un grupo que, desde hace algún tiempo, bajo la dirección de su hijo Giovanni, supera los diez mil millones de euros de facturación al año.
En los últimos tiempos, sus allegados recuerdan que María Franca recibía llamadas telefónicas a través de un colaborador, muchas veces prefería no contestar, pero siempre escribía a mano una nota para agradecer y despedirse. Su dimensión fue la de medida y apego a la ciudad de Alba. En la familia y en la empresa, representó un elemento de equilibrio entre Michele, con su genio empresarial, y los dos hijos Pietro, centrado en la parte industrial y la investigación de productos, y Giovanni, más inclinado al componente comercial y de marketing.
La dimensión del equilibrio se fundamentaba en la simetría del corazón y la razón. Sin ningún dominio o servidumbre de uno de los dos miembros de la pareja. Porque el señor Michele, contable titulado en Mondovì, se había enamorado y se había casado con una chica brillante y de carácter fuerte, con una sólida estructura cultural: nacida en Savigliano, después de la escuela secundaria y del bachillerato clásico, había estudiado idiomas en la Escuela de Interpretación de Milán y fue contratada por la empresa el 19 de marzo de 1961 por sus conocimientos de inglés, francés y alemán, en una época marcada por la primera expansión de Ferrero al extranjero. Al año siguiente, Michele y Maria Franca se casaron. Con motivo de su ochenta cumpleaños, la señora María Franca dijo a Roberto Fiori en la prensa: “Aunque haya sido escrito decenas de veces, nunca fui secretaria de Michele Ferrero. Lo cierto es que con él era el clásico amor a primera vista, amor a primera vista”.
Si hay una familia (y una empresa familiar) en la que las mujeres contaban -en el duro y masculino siglo XX de la industria y las fábricas- es la de los Ferrero. El verbo utilizado por quienes conocen bien a la familia y su dinámica empresarial es “codecidir”. Ella decidió con él. Ella María Franca. Él Miguel.