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YHubo un tiempo, no hace mucho, en que la verdulería de Praga también gozaba de cierta popularidad en Alemania Occidental, al menos en Alemania Oriental. Apenas hubo un orador, un periodista con algunos conocimientos históricos o un presentador bien formado cuyas contribuciones faltaron en el hombre anónimo que había adornado su escaparate con un eslogan. Y de aquella consigna “¡Proletarios de todos los países, uníos!” y apareció gris y opaco en la exhibición, sin los brillantes frutos del sur, el evento debe haber ocurrido en un pasado que podría ser marcado con un “afortunadamente ahora pasado”. Se le informó con calma y dulzura que la decisión del hombre de colocar el absurdo cartel del partido no era ninguna tontería, sino más bien un ritual internalizado de subordinación, esencial para la supervivencia de un régimen totalitario tardío; un régimen, sin embargo, una mirada amigable al público, que ya es historia en Europa Central y del Este desde 1989, por lo que “ahora nos esperan nuevos desafíos”.

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