La metrópoli californiana los acusa de crear una “crisis de salud pública” que está poniendo a prueba sus finanzas.
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Mars, Coca-Cola, Nestlé, Kellogg’s… San Francisco inició el martes 3 de diciembre un procedimiento judicial sin precedentes contra una decena de gigantes de los alimentos ultraprocesados, acusándolos de haber creado un “crisis de salud pública” lo que pone a prueba las finanzas de la ciudad estadounidense. La metrópolis democrática ataca así a los productores de patatas fritas, bebidas, platos preparados e incluso cereales para niños, que producen sus alimentos en laboratorios integrando numerosos aditivos como colorantes, emulsionantes e incluso edulcorantes. En detalle, los destinatarios de la denuncia son Kraft Heinz Company, Mondelez International, Post Holdings, The Coca-Cola Company, PepsiCo, General Mills, Nestlé USA, Kellogg’s, Mars Incorporated y Conagra Brands, informa el Los Ángeles Times.
Estas empresas “Obtuvieron enormes ganancias y ahora deben hacerse responsables del daño que causaron”explicó David Chiu, el fiscal de la ciudad. Según la denuncia, los alimentos ultraprocesados “representan más del 70% de los productos de los supermercados” en los Estados Unidos, e “más de la mitad” de la dieta americana. Su omnipresencia en los lineales ha provocado un “Drástico aumento en la incidencia de obesidad, diabetes, enfermedades cardíacas, cáncer y otras enfermedades crónicas”subraya la ciudad.
Según estadísticas oficiales, alrededor del 40% de los estadounidenses padece obesidad, una de las tasas más altas del mundo, y casi el 16% de ellos padece diabetes. San Francisco busca una compensación, de un monto no especificado, por los costos de atención médica incurridos por la comunidad. En particular, acusa a los productores de violar la ley de competencia de California al adoptar una “marketing injusto y engañoso”técnicas similares a las utilizadas por la industria tabacalera.
Los alimentos ultraprocesados, que surgieron a finales del siglo XIX, comenzaron a producirse en masa para alimentar a los soldados estadounidenses durante las dos guerras mundiales, antes de inundar los supermercados de todo el mundo en la segunda mitad del siglo XX. Pero su nocividad está cada vez más expuesta y emerge como un raro tema de consenso político en Estados Unidos.