JQYHCQOSDBFK5NYQURZX3AGDGI.jpg

Sus ojos nunca abandonan los vitrales que dan al altar. “Salta mucho más que antes”, contempla Camille, deslumbrada. Había pasado casi un año y medio desde la última vez que esta joven de 23 años puso un pie en el coro de la iglesia Sainte-Marie-Madeleine de Marcoussis (Essonne), cerrada por motivos de trabajo.

“Aquí hice mi primera comunión”, continúa. Antes las paredes eran de color naranja salmón, ¡es aún mucho más bonito con este beige cremoso! Me dan ganas de volver a misa”, dice con una sonrisa de complicidad.

Referencia

About The Author