Desde Seúl, Giorgia Meloni cierra la misión asiática enviando un mensaje claro: en una fase de crecientes tensiones, sólo alianzas sólidas pueden garantizar la estabilidad.
Lo que resulta especialmente preocupante son las fricciones transatlánticas, reavivadas por el anuncio de nuevos deberes estadounidenses hacia los países europeos implicados en la misión militar en Groenlandia. Una decisión que inmediatamente sacudió a los mercados y que el Primer Ministro criticó abiertamente, incluso frente a Donald Trump.
Italia intenta forjar un papel de mediación, manteniendo abiertos los canales con Washington y Bruselas, mientras la Unión Europea evalúa posibles respuestas, incluida la llamada “bazuca” comercial promovida por Francia. La atención se centra ahora en el Consejo Europeo extraordinario del 22 de enero, convocado por el presidente Antonio Costa.
La línea del Palacio Chigi, sin embargo, sigue marcada por la cautela: evitar una espiral de represalias que podría comprometer aún más las relaciones entre las dos orillas del Atlántico.