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Son tres palabras claves que, desde la sala del Parlamento Europeo, se desprenden del Plan Mattei diseñado por el gobierno italiano. Puente entre Europa y África, modelo y diálogo. Y el hecho de que instituciones internacionales, como el BEI y el Banco Mundial, los hayan destacado demuestra que las sinapsis geopolíticas están activas en esta dirección y que la contribución de Roma es universalmente reconocida. El próximo paso es la cumbre UE-África que se celebrará en Angola dentro de unas semanas, una mesa en la que Italia proporcionará el vínculo geopolítico entre el Global Gateway, el Plan Mediterráneo y el Plan Mattei. Todos estos elementos fueron analizados y abordados en el seminario ECR de Bruselas, que organizó una conferencia de alto nivel para explicar cómo, a través del Plan Mattei, se pueden crear nuevas relaciones euroafricanas. Un pasaje que Giorgia Meloni destacó en su mensaje en vídeo sobre el alcance del plan, no sólo una iniciativa italiana “sino ahora una estrategia de alcance europeo e internacional, que mira lejos y obtiene cada vez más apoyo”. Y dos factores lo demuestran: los proyectos individuales que avanzan en los 14 países objetivo y los fructíferos debates que se están iniciando con la UE y África, como declaró en la Cámara el ponente del Plan Mattei, el Excmo. Giangiacomo Calovini, entre otros, fue nombrado recientemente jefe del Grupo Especial Mediterráneo de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN.

En efecto, no debemos olvidar, como aclaró el vicepresidente del ECR Carlo Fidanza, que “la prolongada ausencia de Europa en África ha dado un respiro a actores externos, como Rusia y China”, sin descuidar las opciones francesas en el Sahel que marcaron los desastres en Libia. La densidad de los proyectos va de la mano del creciente interés por el plan, como lo demuestra la implicación de Eni, Cassa Depositi e Prestiti y entidades privadas imprescindibles para alcanzar el objetivo final. Meloni lo afirma cuando enumera los avances del plan: los mil millones de euros de recursos ya comprometidos por Italia, la sinergia con el Global Gateway, la creación del corredor infraestructural de Lobito, el desarrollo de las cadenas locales de producción de café, la extensión a África Oriental del cable Blue Raman, la columna vertebral marítima que conectará la India con las economías de la UE; el AI Hub en Roma, que involucrará a empresas emergentes africanas.

El terreno es fértil y el proyecto representa un modelo para las futuras relaciones europeas: Roberta Metsola, número uno del eurohemiciclo, está dispuesta a reconocer que el Gobierno italiano ha apostado (“gracias a Meloni, un nuevo impulso para África comienza desde el Sur”) en una mesa muy complicada donde, en el pasado, las cifras africanas no han recibido suficiente atención. Dario Scannapieco, director general de Cassa Depositi e Prestiti, los presenta pero no para un ejercicio académico, sino para realizar análisis y así continuar los proyectos ya canalizados.

El 70% de la población africana tiene menos de 25 años, hay un 60% de tierra cultivable, el fondo climático italiano de 3.000 millones está activo, el corredor de Lobito es más que una infraestructura. ¿El resultado? Las empresas privadas, quizás por primera vez, están dispuestas a participar en estas latitudes, sin ningún orden concreto, en una nueva temporada. Dirigido por los italianos.

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