La protesta de los agricultores europeos volvió ayer a incendiar a Estrasburgo en vísperas de una etapa crucial para el futuro del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y los países del Mercosur. En primera línea está Coldiretti, que encabezó a más de mil agricultores italianos en una procesión al Parlamento Europeo con sus homólogos franceses de Fnsea, para exigir el fin de un acuerdo considerado desequilibrado y perjudicial para la agricultura continental.
El mensaje enviado dentro de las instituciones europeas es claro: “Detener las importaciones injustas de alimentos que no cumplen con las normas europeas y ponen en peligro la salud de los ciudadanos y los ingresos de los agricultores”. Para Coldiretti, las mismas normas de producción, salud y medio ambiente impuestas a las empresas agrícolas europeas deben aplicarse también a quienes exportan al mercado de la UE, “desde cualquier país que quiera vendernos”. De ahí la petición de reforzar los controles, hoy considerados totalmente insuficientes, dado que “sólo el 3% de las mercancías son controladas físicamente en los puertos y en las fronteras”.
Al frente de la delegación estaban el presidente Ettore Prandini (foto) y el secretario general Vincenzo Gesmundo, que atacaron frontalmente a la Comisión Europea. Según Coldiretti, “la deriva autocrática e ideológica impuesta por Ursula von der Leyen está acabando con la agricultura europea y poniendo en peligro la soberanía alimentaria del continente”. La Comisión, acusan, “tiene el deber de defender la producción europea, los consumidores y la seguridad alimentaria”, mientras que hoy la agricultura es tratada como “un laboratorio ideológico gestionado por tecnócratas que ignoran los territorios de producción, trasladan costes y limitaciones a las empresas y abren los mercados a una competencia global desleal”.
También se cuestiona la carga burocrática impuesta a las empresas, con “cien días de trabajo recortados cada año debido a obligaciones innecesarias”, mientras que, sin reciprocidad, el comercio internacional “se convierte en un arma contra Europa”. Se califica al Mercosur como “un emblema de las locuras de la Comisión”, un acuerdo que permitiría la entrada de productos sin las garantías sanitarias y ambientales adecuadas. Por eso Coldiretti pide una transparencia total, empezando por la obligatoriedad del origen en la etiqueta y la eliminación del “engaño del código aduanero de la última transformación”.
Durante la manifestación, Prandini reiteró que “nuestra protesta tiene como objetivo exigir más transparencia en interés de las empresas agrícolas y de los ciudadanos consumidores”, subrayando que “los alimentos importados deben respetar las mismas reglas de producción exigidas a nuestras empresas”. Una batalla que, advirtió, “continuará hasta que obtengamos claridad y transparencia por parte de la Comisión Europea”.
La CIA y los campesinos italianos también participaron en la movilización, y el presidente Cristiano Fini reiteró que “sin reciprocidad total y controles estrictos, ningún acuerdo se mantendrá”. Sin embargo, la posición de Confindustria Varese es de signo contrario, que espera una luz verde inmediata para el acuerdo.
Según el presidente Luigi Galdabini, “un voto contra el Mercosur sería un voto contra la industria”, poniendo en peligro el crecimiento, el empleo y las exportaciones en territorios fuertemente manufactureros como Varesotto.
Un choque que fotografía dos visiones opuestas de Europa, mientras hoy el Parlamento Europeo decidirá si congelar o no el acuerdo, remitiéndolo al Tribunal de Justicia para su examen.