La oposición de Francia, expresada por Emmanuel Macron, no habrá cambiado mucho. Como era de esperar, los países latinoamericanos del Mercosur y la Unión Europea firmaron este sábado en Paraguay un tratado que crea una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, después de más de 25 años de negociaciones y pese a las preocupaciones del mundo agrícola.
Al eliminar la mayoría de los derechos de aduana, el acuerdo promueve las exportaciones europeas de automóviles, maquinaria, vino y queso. En sentido contrario, facilita la entrada en Europa de carne vacuna, avícola, azúcar, arroz, miel y soja sudamericanos, con cuotas de productos con tipo cero que alarman a los sectores implicados.
Para sus detractores, este tratado perturbará la agricultura europea con productos más baratos que no necesariamente cumplen con los estándares europeos, debido a la falta de controles suficientes. Para sus partidarios, por el contrario, ayudará a revivir una economía europea en dificultades y mejorará las relaciones diplomáticas con América Latina.
Miedos a ambos lados del Atlántico
El acuerdo encuentra resistencia por parte de agricultores y ganaderos de algunos países europeos, que se han movilizado con fuertes manifestaciones contra su firma, particularmente en Francia.
Para calmar el enojo de la industria, la Comisión Europea ha elaborado una serie de cláusulas y concesiones en los últimos meses, incluidas garantías reforzadas para los productos más sensibles.
El 20 de enero está prevista una gran concentración de agricultores frente al edificio del Parlamento Europeo en Estrasburgo.
Incluso en América del Sur, algunos desconfían de los efectos del tratado. En Argentina, el impacto en la industria automotriz podría provocar la pérdida de alrededor de 200.000 puestos de trabajo.