064711202-b7ff48b0-d2ea-45da-a580-e85cb1b10a67.jpg

Darío Martini

Una mentira repetida sin cesar corre el riesgo de convertirse en verdad. Sobre todo si es la mayoría del sistema mediático el que lo reaviva, salvo algunas excepciones. Primero, las noticias falsas sobre el referéndum, con la invención de que la reforma del gobierno Meloni introduciría efectivamente la sumisión del poder judicial al poder ejecutivo.

Luego, el “golpe” para demonizar el proyecto de nueva ley electoral, según el cual el objetivo real del presidente del Gobierno sería obtener “plenos poderes” en 2027. Finalmente, la santificación de Pedro Sánchez, retratado como el héroe impecable e intrépido que se atrevió a decir no al tirano Donald Trump, a diferencia del sumiso Meloni. Lástima que España e Italia ofrezcan a Estados Unidos exactamente la misma colaboración militar. Lo que importa es la narrativa de los medios. Y está claro que lo que estamos presenciando en los últimos días tiene un objetivo muy específico: el solapamiento antinatural entre la campaña del referéndum sobre la justicia y la postura de Italia, y por tanto del ejecutivo, en la actual crisis iraní. El gobierno está rodeado.

Ayer Meloni, en una entrevista en Rtl 102.5, intentó romper este cerco. Explicó por qué la reforma de la justicia garantizará mayores garantías para los ciudadanos que se encuentran ante un proceso judicial.

Dejó claro que Italia no está en guerra y no tiene intención de entrar en ella. Abordó las cuestiones según sus méritos. Trabajo útil. Pero el riesgo de desperdicio es alto. Sobre todo si aún hoy, después de semanas de campaña por el referéndum, seguimos escuchando frases como ésta: “Con la separación de carreras, la política controlará el poder judicial”. Que Elly Schlein y Giuseppe Conte lo repitan es fisiológico.

Sin embargo, sorprende que muchas veces esta tesis también sea apoyada en debates televisados, donde las pocas voces contrarias acaban siendo silenciadas. Bastaría recordar que de los 27 países de la Unión Europea, hay 22 en los que las carreras de los jueces son distintas. Entre ellos se incluyen Alemania, los Países Bajos, Dinamarca y Austria.
En otros tres, la separación es sólo formal. En Francia, el fiscal pertenece a un circuito distinto del del juez. Lo mismo ocurre en la España del “héroe” Sánchez, donde jueces y fiscales pertenecen a órdenes diferentes, aunque la formación y la cultura jurídica sean comunes. ¿Queremos afirmar que Francia, Alemania y España son antidemocráticas? Los únicos dos estados europeos que tienen canteras unidas son Grecia e Italia.

El cerco también es evidente en los últimos datos de Agcom. Anteayer, la Autoridad Reguladora de las Comunicaciones pidió a La7 y a Nove “reequilibrar” las redes en favor del Sí, con la obligación de cumplirlo mañana, 7 de marzo. Sólo un ser ingenuo podría, en las últimas semanas, no darse cuenta de la “infrarrepresentación” de los partidarios de la reforma en detrimento de los campeones del número 1.

El repentino ascenso de la izquierda local al tren de Sánchez también es emblemático. La ecuación ilógica es: el Che Guevara de Moncloa se opuso a Trump en la guerra contra Irán, Meloni no, Sánchez defiende la democracia, la democracia en Italia sólo se puede salvar votando no en el referéndum. Dentro de unos días descubriremos que incluso el jefe del gobierno español, si pudiera, votaría en contra de la reforma de Nordio. Probablemente descubriremos que tomó esta decisión después de leer algunas entrevistas con Giovanni Falcone (la del magistrado antimafia por excelencia contra la separación de carreras es una de las mentiras utilizadas instrumentalmente desde hace más tiempo). Llegar a la raíz de los problemas es una tarea difícil.

Referencia

About The Author