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Un dolor impresionante, una voz que tiembla pero que quiere ser escuchada: es la de la madre de Noemí, la joven de 23 años asesinada el miércoles por la noche en Nola por su hermano Vincenzo. Entrevistada por los periodistas de “Ore 14” de Rai 2, la mujer reconstruyó los últimos momentos de su hija y las llamadas telefónicas que cambiaron su vida para siempre.

la llamada telefonica

“Sobre las tres de la tarde ya no recuerdo la hora exacta, quizás las tres y cuarto. Recibí una videollamada de mi hijo”, dice la mujer. “Me dijo: Mamá, maté a Noémi. No lo creí, pensé que era una broma. Colgué y llamé al teléfono de mi hija. Pero volvió a contestar. Mamá, no entiendes: maté a Noémi. ¿Quieres verlo?”. La madre describe la escena que apareció en la pantalla del teléfono: “Giró la cámara y la vi en el suelo de su habitación, en un charco de sangre..

Nola, Noémi asesinada por su hermano, su madre: “Ella debe pagar”

Muerto.

Nunca olvidaré esta escena”. Un grito de denuncia también aparece en su relato. La mujer afirma haber pedido repetidamente intervenciones y apoyo para su hijo, que mostraba signos de violencia e inestabilidad desde hacía algún tiempo. “Llamé a la policía, a los carabinieri, a los servicios sociales. Presenté una denuncia. Pedí ayuda en todas partes”, dice. “Sólo intervinieron después de la muerte de mi hija. Se debería haber hecho más.” Según la madre, una posible medida de expulsión no habría sido suficiente: “No debería haberlo dejado en la calle. Debieron haberlo internado en una clínica, encerrado en algún lugar. Soy su madre, de todos modos me habría preocupado, pero al menos lo habrían seguido”.

odio por la hermana

La mujer relata numerosos episodios de tensión en la casa. Noémi tenía un ligero problema motor que hacía que fuera un poco lenta en sus movimientos diarios. Este es, según la historia, uno de los pretextos que desencadenó las reacciones violentas del hermano. “Odiaba lo lento que era: necesitaba una hora, una hora y media en el baño. Incluso cuando se lavaba las manos, pensaba que estaba usando demasiado jabón. Empezó a faltarle el respeto cada vez más”. La madre también relata que fue atacada varias veces mientras intentaba defender a Noémi: “Siempre intervine. Una vez me abofeteó tan fuerte que mis gafas salieron volando”. Cuando se le preguntó si el asesinato fue premeditado, la madre respondió sin dudar: “Sí. Quería castigarme. Porque le había hecho denuncias y quería que se las llevara. Le pegó a su hermana para pegarme”. Una creencia que la persigue y que hoy hace imposible cualquier forma de perdón: “Es malo. Se mete en el alma. El corazón no aguanta. No puedo perdonarlo”. Su petición es sencilla, pero llena de todos los sufrimientos posibles: “Quiero justicia. Mi hija ya no está aquí”.

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