“¡Nunca es su culpa!” » resume esta “superviviente” de la prostitución –la abandonó en 2009– que se convirtió en activista abolicionista. Una lucha que lleva a cabo interviniendo, junto con la Fundación Scelles, en cursos de sensibilización organizados para los clientes como complemento o, en la mayoría de los casos, como alternativa a la multa (1.500 euros, 3.750 euros en caso de reincidencia).