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Tápate los oídos: no escuchas el canto del joven artista, pero lo imaginas en los ojos brillantes y en la emoción de las personas que te rodean y que pueden escucharlo. Aquí, si quieres sumergirte en el mundo de las personas sordas y conocer más sobre sus vidas, no te pierdas la película No necesitamos palabras, a partir del viernes en la plataforma Netflix.

Una nueva versión de la famosa película francesa La Famille Bélier y de la posterior película estadounidense CODA (tres premios Oscar), no es un documental, no es un melodrama, no es un chantaje sentimental. Es una mezcla de todos estos géneros con el añadido de un hilo conductor de ironía y comedia donde se cruzan diferentes temas, quizás demasiado numerosos: la vida de los sordos, el conflicto generacional, la crisis adolescente, el mundo de la música y el mundo campesino.

Todo está apoyado por los protagonistas, actores sordos profesionales, y no actores que interpretan a personas sordas, lo que le da a la obra ese trabajo de autenticidad y sensibilidad que vale la pena ver. Pero, obviamente, para hacer atractiva una película producida en Italia (Our Films y Piper Film) y destinada a ser distribuida mundialmente a través de Netflix, se necesitan grandes nombres. La protagonista es en realidad Sarah Toscano, una cantante muy popular entre los jóvenes, que pasó por Amici y San Remo, que interpreta a Eletta, una chica CODA, es decir hija oyente de sordos, que descubre que tiene una hermosa voz. Para ella, la adolescencia resulta complicada: se debate entre seguir su pasión o permanecer en la familia de la que es parte indispensable porque es la voz, la intermediaria entre sus padres sordos y su hermano (interpretados por Carola y Emilio Insolera, también casados ​​en la vida real, y Antonio Iorillo) y el mundo exterior. Otro gran nombre descubre su talento, Serena Rossi, en el papel de la profesora de canto Giuliana.

Para Sarah, este es su debut en el cine y, a juzgar por su éxito, podría ser el comienzo de una nueva carrera que combina música y comedia: “Fue un gran desafío – dice -. No sólo fue la primera vez en el mundo del cine, sino también el primer acercamiento a la comunidad sorda. Tengo que agradecer a todos los formadores que me enseñaron la lengua de signos (Lis) y a comprender cómo interactúan las personas oyentes y sordas”. Un momento de crecimiento para ella, tanto en el cine como en su carrera real. “Cuando me llamaron, no sabía nada de actuación, pero siempre me encantó la idea de convertirme en un artista polifacético. Estuve lleno de ansiedad durante los meses de preparación, pero cuando llegué al set, hice clic en mi cerebro. Y, al final, paradójicamente, lo más difícil fue cantar porque tenía que interpretar a una niña que está descubriendo su voz pero aún no puede dominarla”. También fue una época de cambios personales. “No soy una persona muy sensible, no me emociono fácilmente, gracias a este trabajo puedo sacar más a relucir mis emociones, también lloro más.”

Para los tres actores sordos, lo importante era ofrecer una representación correcta de la cultura, la identidad y la lengua de su comunidad: “Creo que la película – resume Emilio Insolera – consigue equilibrar la historia de los dos mundos y que puede transmitir un mensaje correcto a nivel global”. Aunque podemos hacer más.

Para Carola Insolera hubiera sido más acertado elegir a un CODA real como protagonista. El director Luca Ribuoli responde: “Hacer películas es un trabajo complicado, pero con esto hemos abierto un camino, ampliado nuestros horizontes, para que siempre podamos hacerlo mejor”.

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