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Veintinueve años, ocho meses y nueve días después, en Chiavari, tiene nombre y rostro la autora del crimen de Nada Cella, la secretaria de 24 años del despacho contable de Marco Soracco masacrada la mañana del 6 de mayo de 1996 en su despacho por una mano desconocida durante casi tres décadas. Desde ayer existe una verdad judicial sobre el caso sin resolver, escrita en blanco y negro en la condena en primer grado pronunciada por el Tribunal de Apelación de Génova contra Annalucia Cecere, una ex profesora de Cuneo que residía entonces en Tigullio, de donde desapareció poco después de los hechos. Veinticuatro años de prisión por asesinato agravado por motivos frívolos, pero se abandonó el agravante de crueldad: esta es la sentencia pronunciada por el juez Massimo Cusatti después de más de siete horas de deliberación, que suman un año de juicio, el primero en 30 años por el crimen de Via Marsala. Lo que parecía destinado a seguir siendo un misterio, sin la intuición de la criminóloga Antonella Delfino Pesce, que permitió en 2021 la reapertura de las investigaciones llevadas a cabo por la fiscalía y la brigada volante de Génova, a partir de los periódicos de 1996 donde Cecere aparece como sospechoso y también es sometido a un registro domiciliario. Y luego desaparecer.

Un crimen impulsivo y un motivo ligado a los celos y un plan de venganza por parte de la mujer, que quería sentar cabeza y redimirse de una vida de sufrimiento ocupando el lugar de Nada en el taller de Soracco. Quien había negado cualquier relación con Cecere pero había ordenado a la secretaria que no reenviara más las insistentes llamadas de esta mujer. Información mantenida en secreto que le valió al contador una pena de dos años de prisión por complicidad.

En la sala tras la sentencia, las lágrimas y la emoción fueron las de Silvia Cella, prima de Nada, la primera en llamar a su madre Silvana Smaniotto, que esperaba el veredicto desde su casa de Chiavari. “Se ha hecho justicia – dijo Silvia a los periodistas – ¿La madre de Nada? Estaba llorando. Lograr una condena es inesperado e inesperado”. “Fue difícil y valiente y sin el compromiso de la fiscalía no estaríamos aquí. Nadie se rindió, creímos hasta el final”, subraya la abogada Sabrina Franzone, abogada civil de Cella.

Cecere no estaba allí, ya que nunca había aparecido en la sala del tribunal desde que comenzó el juicio.

“Seguramente recurriremos porque es una sentencia que no nos satisface – subraya su abogado, Giovanni Roffo -. Hay que leer los motivos pero no entiendo cómo llegamos a tal decisión”. Motivaciones que llegarán en 90 días.

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