Los uniformes eran los de la policía estatal, sus rostros eran los de dos ángeles. O al menos así le parecían a él. Fue una tarde con implicaciones potencialmente dramáticas, la que tuvo lugar ayer en las callejuelas de Barrios españoles. Una joven sostenía en brazos a su pequeño, un recién nacido de trece días, inconsciente y con graves dificultades respiratorias.
Agentes de la Sección Voladora de la Prefectura de Policía MontecalvarioAl darse cuenta inmediatamente de la gravedad de la situación, no dudó ni un solo momento. Con las sirenas a todo volumen, acompañaron a la mujer y a su hijo en el coche de la empresa hasta la sala de urgencias del hospital. Santobono. Una carrera desesperada, complicada aún más por el intenso tráfico, pero que afortunadamente tuvo un final feliz casi de inmediato. Los sanitarios estabilizaron al niño y, tras identificar la causa de este malestar en un tiempo récord, le administraron tratamiento antibiótico.
La alarma saltó ayer sobre las cuatro de la tarde. Fue entonces cuando la policía patrulla MontecalvarioAl pasar por Vico Trinità delle Monache, en el corazón de los Quartieri Spagnoli, me encontré con la infortunada mujer que lloraba desesperada en su coche: “¡Ayúdenme, por favor! No sé a quién acudir, mi pequeño se está muriendo, sólo usted puede salvarlo”. Tras comprobar con sus propios ojos las condiciones en las que se encontraba el pequeño, nacido hace apenas trece días, los policías subieron inmediatamente al coche de servicio y abrieron paso al joven de treinta y dos años, hasta llegar a la urgencia pediátrica del hospital. Santobono. Aquí, unas horas más tarde, después de recibir el primer tratamiento que le salvó la vida, el recién nacido fue considerado definitivamente fuera de peligro. Una vez pasado el peligro, los padres del pequeño agradecieron entre lágrimas a los dos policías. Quizás en realidad fueran dos ángeles.