Ya condenado definitivamente en dos casos, el expresidente quiere evitar volver a llevar la pulsera electrónica. Intentará absorber la frase más débil en la frase más fuerte.
Publicado
Actualizado
Tiempo de lectura: 2 minutos
Dentro de tres semanas, Nicolas Sarkozy iniciará una nueva maratón judicial: el juicio de apelación por la presunta financiación libia de su campaña electoral de 2007, un caso que le valió una pena de cinco años de prisión. Pasó tres semanas en prisión en La Santé de París, antes de obtener la libertad condicional en noviembre de 2025. El juicio durará casi tres meses.
Pero mientras tanto el expresidente, ya condenado definitivamente en otros dos casos, tiene otra cita judicial, el lunes 23 de febrero, para intentar escapar llevando la pulsera electrónica que habíamos adivinado bajo su calcetín derecho, en 2025 al mismo tiempo. Por este motivo, intentará evitar aumentar la duración de sus condenas alegando su “confusión”.
De hecho, el 27 de noviembre, el día después de su sentencia definitiva a seis meses de prisión por los gastos electorales de 2012, el caso Bygmalion, sus abogados enviaron una solicitud solicitando una “confusión de frases” con el pronunciado en el expediente llamado “escuchas telefónicas”, el asunto “Paul Bismuth”. En este último caso, el expresidente había sido condenado definitivamente a un año de prisión y había llevado una pulsera electrónica durante poco más de tres meses, de febrero a mayo de 2025, antes de beneficiarse, dada su edad, de un régimen de libertad condicional.
Para los abogados del ex Jefe de Estado, los criterios se cumplen tanto en la forma, en cuestiones de derecho, como en el fondo, en cuanto al comportamiento de Nicolas Sarkozy, en cuanto a su situación material y personal. Y, por tanto, a puerta cerrada, en el tribunal de Batignolles, uno de los abogados del ex presidente acudirá a hacer valer esta solicitud de confusión de sentencias, el lunes por la tarde, en una audiencia muy técnica en la que Nicolas Sarkozy no participará.