Por Véronique Chabourine, analista estratégica
Habitualmente en el centro de las tensiones industriales y políticas en las últimas semanas, el programa Future Air Combat System (FCAS) ilustra las persistentes dificultades de la cooperación europea en materia de defensa. Debido a la falta de acuerdo entre Francia y Alemania, una decisión esperada se pospuso recientemente hasta mediados de abril, prolongando la incertidumbre en torno a este proyecto estratégico. Lanzado en 2017 por Francia, Alemania y España, el FCAS, que reemplazará al Rafale y al Eurofighter para 2040, enfrenta desacuerdos entre Dassault Aviation y Airbus, pero también diferencias más amplias entre los estados socios. A primera vista, esto podría ser una clásica disputa sobre la división de responsabilidades. En realidad, el FCAS pone de relieve una brecha entre las ambiciones europeas y su capacidad para traducirse en programas de defensa coherentes.
El FCAS forma parte de una dinámica más amplia: la de una Unión Europea que busca, en el contexto geopolítico actual, no eliminar sino reequilibrar sus dependencias estratégicas y fortalecer su autonomía en materia de defensa. Los estados miembros han iniciado un aumento significativo en sus presupuestos de defensa, que la Unión Europea busca apoyar y coordinar a través del plan ReArm Europe, que ahora forma parte de la iniciativa Readiness 2030. Esta iniciativa demuestra una creciente conciencia de las cuestiones industriales y de capacidad. Pero sigue basándose en una lógica de incentivo y coordinación, donde la construcción de un poder de defensa presupone mecanismos de arbitraje, estandarización y estructuración industrial que aún hoy están ausentes. Esta ambición choca con un límite estructural: la defensa históricamente no ha estado dentro de las competencias integradas de la UE y sigue estando dominada en gran medida por lógicas nacionales. Sin embargo, desarrollar capacidad energética no se trata sólo de aumentar los presupuestos. Esto requiere la definición previa de una verdadera arquitectura de poder, que articule la gobernanza política, la coordinación industrial y los estándares de producción. Es precisamente esta arquitectura la que hoy falta. El bloque FCAS no es tanto un desacuerdo cíclico como consecuencia de la ausencia de un marco estructurante que organice las condiciones de cooperación en sentido ascendente. A falta de un marco político claro que defina responsabilidades, cadenas de valor y estándares de producción, las diferencias industriales sólo reflejan compensaciones estratégicas no resueltas. Esta fragmentación es objetivada por los datos. Según el informe de 2024 de Revisión Anual Coordinada de la Defensa (CARD)Menos del 10% de las inversiones en defensa en Europa se realizan en un marco cooperativo, mientras que la UE opera más de 150 sistemas de armas importantes, en comparación con menos de 30 en Estados Unidos. En este contexto, las iniciativas destinadas a aumentar el poder fiscal, particularmente en el marco de Readiness 2030, corren el riesgo de producir efectos limitados si no van acompañadas de una transformación de los métodos de producción. Las recientes orientaciones de la OTAN, en particular a través de la Plan de acción de producción de defensa, confirman este diagnóstico: la capacidad de producir y suministrar capacidades militares depende ahora menos del nivel de inversión que de la capacidad de mancomunar la demanda, estandarizar el equipo y coordinar el esfuerzo de producción.
Dassault y Airbus tienen las capacidades necesarias para estructurar segmentos industriales críticos, pero esta contribución puede convertirse en una palanca de poder –particularmente en la consolidación de los cuellos de botella europeos– sólo si se organiza en una arquitectura política e industrial coherente.
El FCAS pone de relieve un límite estructurante: la defensa europea no puede alcanzar un objetivo sin un acuerdo político previo claramente asumido. No se trata de delegar la defensa de los Estados a la Unión Europea, sino de identificar un número limitado de capacidades críticas, de definir prioridades industriales comunes y de organizar, para estos segmentos, una hoja de ruta en términos de producción y asignación de responsabilidades.
- Comisión Europea, ReArm Europe/Readiness Initiative 2030, 2024-2025.
- Comisión Europea, Estrategia Industrial Europea de Defensa (EDIS), 2024.
- Agencia Europea de Defensa, Informe de revisión anual coordinada de la defensa (CARD) 2024, 2024.
- Comisión Europea/Agencia Europea de Defensa, Comunicación conjunta sobre las brechas en la inversión en defensa, 2022.
- Comisión Europea, Comunicación conjunta sobre las brechas de inversión en defensa, 2022
- OTAN, Plan de Acción de Producción de Defensa, adoptado en la Cumbre de Vilnius, 2023.