Los investigadores franceses colaboran cada vez más con sus colegas chinos, pero encuentran cada vez más obstáculos para lograr este objetivo. Ésta es la situación paradójica de las relaciones con este nuevo poder de la investigación científica. China se ha convertido en un actor clave en la investigación global tanto por los recursos invertidos como por la calidad del trabajo producido por sus universidades. Pero, en un contexto de mayor competencia económica y estratégica internacional, el espionaje seguiría siendo una de las palancas utilizadas por Beijing para acelerar su transición al mercado superior.
“No jugamos en la misma liga. Ellos están mejor equipados que nosotros, con equipos bien estructurados y objetivos precisos, y trabajan mucho, incluso los fines de semana”observa Abderrazak El Albani, descubridor de la forma de vida más antigua (2.100 millones de años) en Gabón. “Tienen mucho dinero y también tienen ideas”observa el geólogo al regresar de un segundo viaje de estudios a la región de Tianjin. Señala que un número creciente de publicaciones en su campo se combinan “grandes nombres” desde la investigación estadounidense hasta los equipos chinos.
Según el Observatorio de Ciencia y Tecnología, la proporción de colaboraciones internacionales de China sigue creciendo: el 12% de las publicaciones de investigadores franceses realizadas en colaboración con científicos extranjeros en 2024 fueron con socios chinos, frente al 3,4% en 2005. Esta propensión a colaborar alcanza incluso el 18,4% en el campo de la física, donde China ocupa actualmente el primer lugar a nivel mundial.
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