Hay imágenes que arrasan con todo, y sobre todo comentarios que se sienten alejados de la realidad de los hechos. Estas mujeres, por ejemplo, con el pelo libre del obligatorio velo, que improvisan pasos de baile en medio de los atascos para celebrar la tambaleante dictadura. Por supuesto, también hay preocupación y partidarios del régimen que resisten, clones de Jamenei que se levantan, pero son los conciertos de trompeta y las lágrimas de felicidad los que dominan. Lágrimas que caen cuando un pueblo aún incrédulo vislumbra la libertad tras cuarenta y siete años de yugo totalitario. Estas mismas personas que se rebelaron a principios de este año antes de ser sometidas por los siniestros mulás que mataron a 30.000 personas para establecer su régimen.
Precisamente, no olvidemos qué es –esperando hablar rápidamente de ello en tiempo pasado– este régimen que torturó hasta la muerte a la joven Mahsa Amini en 2022 o Atefeh Rajabi que fue ejecutada en la horca pública en 2004 porque a los 16 años no había podido resistir al hombre que la había violado y se había vuelto impura.