Marine Le Pen ha indicado en repetidas ocasiones que seguirá “luchando” para demostrar su inocencia durante el proceso de apelación contra los asistentes parlamentarios europeos del FN. Pero la luz que soñaba ver al final de este túnel legal adquiere cada vez más el color del crepúsculo. Lo demuestran tres semanas de audiencias que ponen de relieve una vez más la dificultad (a veces inmensa) de los acusados para liberarse de las acusaciones de trabajo ficticio y de la creación de un “sistema” organizado por y en beneficio del partido de extrema derecha.
El miércoles 4 de febrero, la titular de los diputados de la RN regresó a la Cámara, escoltada por un manto de renuncia que parecía pesar sobre sus hombros desde hace varios días. La víspera, la Fiscalía había pedido que se confirmara su condena de cinco años de inhabilitación en primera instancia, lo que, si el tribunal se hubiera pronunciado, sería para ella prácticamente sinónimo de abandonar una cuarta candidatura al Elíseo.