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ela guerra liderada por Rusia contra Ucrania hoy produce legiones de combatientes rusos, moldeados por violencia y atrocidades sistemáticas. Permitir que estas personas entren en el espacio Schengen constituiría una grave brecha de seguridad, y Europa sólo puede cerrarla estableciendo una lista negra unificada y una prohibición vinculante de expedir visas y permisos de residencia a los veteranos rusos.

No se debe subestimar la magnitud del desafío. Alrededor de 1,5 millones de personas participaron en la campaña militar rusa. Este grupo incluye a criminales convictos reclutados directamente en las cárceles, así como a combatientes ideológicamente radicalizados, que ven abiertamente a Europa como un adversario. Muchos tienen una amplia experiencia en el campo de batalla, han participado en violencia sistemática y han estado implicados en crímenes de guerra y atrocidades contra civiles ucranianos.

Europa ya ha enfrentado las consecuencias del regreso de los combatientes extranjeros, en particular los combatientes islámicos de Siria e Irak. La amenaza que planteaba su regreso no era teórica: en muchos casos, personas experimentadas continuaron participando en ataques terroristas, redes extremistas y formas graves de crimen organizado, dejando una huella indeleble en la seguridad interna de Europa, particularmente en Francia. Esta experiencia demostró una cruda realidad: la experiencia de combate adquirida en zonas de guerra no desaparece simplemente al regresar; va acompañado de capacidades operativas, radicalización ideológica y propensión a recurrir a la violencia.

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Además, todavía existe una vulnerabilidad crítica. Un soldado ruso que participó en atrocidades en Ucrania, incluidas las cometidas en lugares como Bucha, aún puede solicitar una visa Schengen o un permiso de residencia según los procedimientos habituales, ya sea por iniciativa propia o por orden de los servicios de seguridad rusos. En ausencia de un mecanismo europeo armonizado que considere la participación en una guerra de agresión como un factor determinante, no existe una forma coherente de impedir que estas personas entren en el espacio Schengen. Si no se hace nada, esta falla corre el riesgo de crear una carretera que lleve directamente de Boutcha a París.

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