Por Lara Bertola y Akanksha Jalan, profesoras de la Rennes School of Business, y Belinda Steffan, vicerrectora de la Universidad de Edimburgo
¿Son las ejecutivas de alto nivel inmunes a los sofocos, las noches inquietas y la fatiga resultante? ¿Eres capaz de estar siempre en tu mejor momento? Los testimonios que hemos recogido muestran una realidad muy diferente. Al igual que los 17 millones de mujeres francesas posmenopáusicas, la vida de las ejecutivas se ve perturbada por los cambios hormonales que experimentan a partir de los 50 años, con importantes consecuencias para el sueño, los niveles de energía, la capacidad de concentración y la apariencia.
Ninguna de las participantes en nuestra encuesta requirió ningún ajuste especial para afrontar mejor los efectos de la menopausia. Nadie les ofreció nada parecido. Por otro lado, la mayoría dijo que su carrera se había visto afectada concretamente por su situación. Muchas se sienten menos reconocidas porque están en la menopausia. Quienes ocupan puestos que implican una alta visibilidad pública se sienten particularmente penalizados por sus transformaciones físicas.
El informe sobre la menopausia presentado en abril de 2025 por Stéphanie Rist, actual ministra de Salud, puso de relieve estas dificultades, este doble castigo que afecta a todas las mujeres, que sufren en este período de su vida, tanto por dificultades específicas, no tomadas en consideración, como por una mirada hostil dirigida hacia ellas. Poco ha cambiado desde entonces.
La situación de las mujeres francesas parece especialmente preocupante dada la importancia que tradicionalmente se atribuye en Francia a la apariencia femenina. Muchos de los ejecutivos que entrevistamos nos dijeron que a esta altura de sus vidas están invirtiendo en ropa más cara, o incluso en cirugía estética, para mantener una apariencia más juvenil y así evitar la discriminación.
En este contexto, se considera que pedir abrir la ventana durante una reunión para afrontar mejor un sofoco corre el riesgo de llamar la atención sobre una situación percibida como debilitante. Por lo tanto, la mayoría se abstiene de revelar su malestar. Este tabú de larga data nos impide considerar las dificultades laborales que, sin embargo, no tienen nada de anecdótico.
En particular, durante las entrevistas se mencionó con mucha frecuencia el tema del cansancio. Para algunas mujeres que ocupan puestos directivos, las jornadas laborales muy largas, los nombramientos consecutivos y los viajes frecuentes se convierten en problemas tales que algunas deciden abandonar sus carreras prematuramente.
¿Es impensable un mayor apoyo social dentro de las empresas para evitar estas salidas prematuras de personas que de otro modo serían competentes y comprometidas? ¿Está fuera de discusión una mayor flexibilidad en la organización del trabajo? Pensamos en un acceso más fácil al teletrabajo, horarios más flexibles y adaptables y en concienciar a los directivos.
Hoy es necesario sacar la menopausia del ámbito médico y reconocerla como un problema profesional. Porque su actual invisibilización no es un simple descuido: se mantiene según estándares que valoran el control del cuerpo, la disponibilidad permanente y la productividad constante.
En este contexto, las mujeres aprenden a autocontrolarse, a disciplinarse, a ocultar todo lo que pueda interpretarse como una pérdida de control. Se confunde competencia con capacidad de permanecer impasible; La menopausia es un “problema personal” que debe gestionarse en silencio y no una cuestión organizativa que deba abordarse colectivamente.
Es necesario un cambio cultural. Al carecer de lugares seguros para hablar de ello, muchas mujeres buscan información y apoyo en otros lugares (en las redes sociales, en YouTube, en comunidades en línea) que se convierten en espacios donde pueden hablar abiertamente y, a veces, resistir el estigma.
Pero no podemos delegar permanentemente en las plataformas digitales aquello de lo que debería encargarse el mundo profesional: informar, formar, planificar y dejar de actuar como si la igualdad se consiguiera obligando a las mujeres a pasar este periodo “como si nada hubiera pasado”.