Es un viejo proverbio iraní: “Cierra la boca de Ormuz y Occidente se asfixiará”. » Este estrecho cuello de botella de apenas 50 kilómetros entre las costas de Irán y el Sultanato de Omán, con aguas tan bajas que sólo permiten el movimiento en dos franjas de 3 kilómetros, una para entrar y otra para salir, ha concentrado todas las preocupaciones desde que comenzó la guerra contra Irán. Porque es a través de él por donde llega el petróleo y el gas desde los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin, Arabia Saudita, Irak y el propio Irán. Un camino imprescindible a la par que un candado.
Normalmente, cada día, entre 40 y 70 barcos cruzan el Estrecho de Ormuz, cargados con una quinta parte del petróleo mundial y una cantidad muy importante de gas natural licuado (GNL).
Pero desde el lanzamiento de la Operación Furia Épica, Teherán ha respondido declarando cerrado el acceso y aumentando los ataques, tanto a barcos como a plataformas, con misiles y drones. Su armada quedó casi completamente destruida en los ataques, pero quienes aun así corrieron el riesgo pagaron un alto precio: el viernes 6 de marzo, un barco con bandera emiratí, el Mussafah 2, fue alcanzado por dos misiles mientras prestaba asistencia a un portacontenedores maltés, al noreste del puerto de Khasab, en la punta de Omán. Resultado: 8 muertos, toda la tripulación del Mussafah 2. Suficiente para enfriar todo el ardor de aquellos que todavía pensaban que podrían pasar.
El precio del barril de petróleo crudo ya ha subido de 73 a 80 dólares y podría subir hasta 100. Los mercados están presa del pánico, los precios de los seguros se disparan, los agricultores temen una escasez de fertilizantes. Ante estas consecuencias en cascada, Donald Trump intenta tranquilizar, proponiendo en primer lugar un seguro público garantizado por el Estado para los barcos que decidan cruzar el estrecho.