Edoardo Sirignano
Sea o no bueno el médico o el profesor, el mismo razonamiento no se aplica al juez. Los datos indican que las evaluaciones del profesionalismo de los magistrados ante el Consejo Superior de la Judicatura son 99% positivas. Sólo el 1% recibe una valoración negativa. Incluso si consideramos el resultado de las acciones del rol individual, y todos sabemos cuántos “fracasos” hay para el organismo que en Italia se encarga de medir la preparación de la categoría, no hay problema. Todos estarían a la altura de las circunstancias y nadie cometería un error.
Pese a ello, las noticias, como suele recordarnos Enrico Costa, diputado de Forza Italia, nos dicen que por 5.933 detenciones injustas entre 2017 y 2024, el Estado pagó 250 millones de euros. Aunque no se trate de unos céntimos, sólo nueve magistrados reciben una sanción por este presupuesto, lo que ciertamente no es nada tranquilizador.
Basta examinar las cifras relativas a los informes que llegan al Fiscal General del Tribunal Supremo. El 95% de ellos son archivados, mientras que sólo el 3,2% llegan al CSM. Lo más grave, entre otras cosas, es que los motivos de estas elecciones están ocultos a los simples mortales. Ningún ciudadano, excepto el Guardián de los Sellos, según la legislación vigente, puede consultar los documentos al respecto. Basta pensar en el caso, mencionado en estas columnas, del fiscal que publicó publicaciones sexistas. Este último es absuelto por una regla general que, sin embargo, no tiene en cuenta lo que el single habría publicado en su muro.
Por otro lado, las cosas no van mejor en el segundo nivel de juicio o para este instrumento que nuestra Constitución prevé para castigar a estas “personas inteligentes” que creen que pueden hacer cualquier cosa, incluso lo que no está permitido a los ciudadanos comunes y corrientes. Evidentemente, la sobrina del juez, detenida por la policía de tránsito, elude los controles sólo porque es “nieta de…” y todo el asunto se desestima por “falta de relevancia”. La misma motivación salva al magistrado controlador, con su esposa en proceso, que supervisa al fiscal a cargo del caso o al que olvida a una persona en prisión durante 43 días.
Por eso no deberíamos decir ni una palabra a la hora de hacer comparaciones con el resto de Europa. Y, sin embargo, este no es el caso. La habitual ANM destaca que en Italia hay “el doble de condenas que en España y el triple que en Francia”, en términos de procedimientos disciplinarios. Por eso, según él, sería un error cambiar el status quo.
Incluso el presidente de la asociación, Cesare Parodi, acusa al ministro Carlo Nordio de no haber “cuestionado” suficientemente lo decidido por sus colegas, aunque tuviera el poder. Casi parece que la responsabilidad de toda la mala justicia en Italia recae en el Ministro de Justicia, es decir en aquellos que simplemente dicen que hay que reconsiderar algo. Para el sindicato de la vestimenta, en cambio, nuestro CSM es el “más riguroso de Europa”. Es una pena que basta hojear algunos periódicos para comprender que, en tales latitudes, casi todo se perdona si se es juez.
Sin embargo, puedes ir más allá del incómodo punto de control o explicar en un correo electrónico a tu colega cómo interpretar un caso que concierne a un miembro muy cercano de tu familia.