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A “situación sin precedentes”, respuesta inédita. La ciudad de La Rochelle (Charente Marítimo) desea inspeccionar lo antes posible todos los edificios públicos y privados tras la evacuación, el sábado 25 de octubre, de varios edificios y de una veintena de residentes en la calle Saint-Sauveur. Ese día, los bomberos llamaron por fugas de agua y descubrieron una propiedad que amenazaba con deteriorarse. Se firmaron apresuradamente dos órdenes (peligro y seguridad). Los Rochelais que viven cerca pudieron regresar a sus casas después de dos días de espera y “despejar todas las dudas”.

“Cada año se informan unas cuarenta propiedades antigénicas”

Agotado por la idea de vivir una tragedia como la de Marsella y, en menor medida, la de Toulouse, el municipio ha decidido ir más allá. Se solicitó un “presupuesto” a una empresa especializada. Otros pueden seguirlo. ¿La idea? Disponer de un “diagnóstico global” del estado de los edificios, explica Thibaut Guiraud, alcalde de La Rochelle. “Necesitamos saber dónde estamos. Sentirse seguro es una condición esencial para la convivencia”, afirma el electo, que nunca imaginó encontrar una propiedad en tan malas condiciones: “Cada año se denuncian unas cuarenta propiedades insalubres, pero ninguna amenaza con deteriorarse”.

El diagnóstico, de concretarse, se limitaría a la escala del centro histórico de la ciudad marítima. Según Thibaut Guiraud, una inspección únicamente de las fachadas y los tejados podría revelar peligros potenciales. “Este control visual, incluida la parte trasera de los edificios, invisible desde la calle, ya puede orientarnos”, afirma. Las primeras cotizaciones se esperan para mediados de noviembre. “Si la asignación es sostenible, la incluiremos en el presupuesto de 2026”, especifica Thibaut Guiraud. La ciudad de La Rochelle precisa que el edificio en peligro de ruina situado en la calle Saint-Sauveur pertenece a una persona mayor. Este octogenario se habría sentido abrumado por la magnitud de la tarea y la gestión de esta propiedad. En una ciudad marcada por una presión inmobiliaria constante, está claro que “los propietarios pueden llevar años sin hacer nada”, observa Thibaut Guiraud.

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