Ud.Un cuarto de siglo después de casi prohibir las plantas genéticamente modificadas, la Unión Europea se prepara para dar un giro de 180 grados: el acuerdo provisional sobre la desregulación de los nuevos OGM – o plantas resultantes de nuevas técnicas genómicas (NGT, en inglés) – corre el riesgo de romper el pacto de confianza que nos une a nuestros clientes. Mañana puede que nos resulte imposible saber si un tomate es fruto de la selección natural o está modificado genéticamente, porque no habrá obligación de etiquetado en el producto final.
Nosotros, chefs, restauradores y cocineros, somos los primeros embajadores de la materia prima y del producto de calidad. Nuestro trabajo no es simplemente transformar los alimentos: comienza con la elección rigurosa de un ingrediente, respetando los valores de sabor y sostenibilidad que queremos transmitir en el plato. Nuestro compromiso es ofrecer una cocina sana y sabrosa. Para cocinar conscientemente necesitamos saber qué estamos comprando y para ello necesitamos un marco regulatorio protector.
El acuerdo provisional alcanzado en el diálogo tripartito del 3 de diciembre de 2025 marca una disminución inaceptable de las normas que rigen los OGM respecto de los NGT. Sin etiquetado ya no podremos identificar si un ingrediente está modificado genéticamente. ¿Cómo podemos entonces garantizar a nuestros clientes una cocina libre de OGM? Es importante recordar que las semillas obtenidas con estas nuevas técnicas genómicas siguen siendo organismos genéticamente modificados, incluso si no lo son. “transgénico”. Los efectos ambientales a largo plazo no se han estudiado lo suficiente de forma independiente como para justificar esta prisa.
Campos sin fronteras
No estamos en contra del progreso, pero estamos convencidos de que éste debe orientarse hacia la abundancia de la diversidad, y no hacia la estandarización y la opacidad. La llegada de estas plantas a Europa podría acentuar la estandarización genética de los cultivos en favor de unas pocas variedades estandarizadas. Esta uniformidad se verá reflejada en nuestro plato. Sin embargo, la pluralidad y multiplicidad de especies cultivadas son esenciales para garantizar excelentes cualidades gustativas. Las variedades locales, antiguas u olvidadas, constituyen la reputación de la gastronomía y constituyen la identidad de nuestros pequeños productores.
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