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En el Kremlin, las palabras “diálogo” y “paz” se manejan con la precaución con la que se manejaría un arma cargada. París llama, Moscú responde sin alzar demasiado la voz. Macron pide un diálogo “bien organizado”, con pocos interlocutores, como si la diplomacia fuera una mesa de póquer donde el problema no son las cartas sino el número de jugadores. Hablando sobre la cuestión ucraniana, Macron apoyó la necesidad de que “Europa se siente lo antes posible a la mesa de negociaciones, para contribuir a construir la paz y proteger los intereses de Ucrania”, recordando que la UE también tiene “intereses estratégicos directos que defender”. Llega un mensaje de precaución desde Moscú. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Lavrov, pone fin a cualquier posibilidad de aceleración, advirtiendo que el camino hacia una solución negociada, que deberá tener en cuenta los acuerdos de Anchorage, promete ser largo y complejo. Un camino que, subraya, sólo podrá abrirse con el fin de lo que define como “amenazas militares ucranianas”. Al mismo tiempo, Lavrov anuncia una nueva alianza operativa con Pyongyang.

La portavoz del Ministerio Zakharova apoya la línea rusa: “Nunca hemos cerrado las puertas al diálogo, pero hoy estamos en una posición ventajosa”. A nivel europeo, el Alto Representante Kallas trabaja en un “plan para una paz duradera”, mientras se aclara la hipótesis de soluciones innovadoras para una adhesión acelerada de Kiev.

Los analistas militares y los blogueros independientes están de acuerdo en una cosa: Moscú está preparada para consolidar su control sobre tres áreas estratégicas en el sur y el este de Ucrania. Pokrovsk, el centro logístico esencial de Donbass, Myrnohrad, que es su extensión urbana y militar natural, y Huliaipole, la puerta sur a la región de Zaporizhzhia. Su caída daría a Rusia una ventaja en las conversaciones de paz mediadas por Estados Unidos (que el embajador estadounidense ante la OTAN, Whitaker, considera “productivas”). Para la inteligencia estonia, citada por Bloomberg, el nuevo llamamiento a la negociación del Kremlin sería una maniobra instrumental, como la de ocultar Telegram por motivos de seguridad militar.

Ucrania sigue sufriendo. En Slaviansk, una redada mató a una madre y a su hija de 11 años. En Zaporizhzhia, los drones alcanzaron una guardería y un cortejo fúnebre: murió un sacerdote. En Odessa y Járkov había un estado de emergencia: la electricidad iba y venía como un privilegio precario, con miles de personas a oscuras tras nuevos ataques a la infraestructura energética. Drones también sobre Vilniansk, cuatro heridos. Por la noche, otros vehículos aéreos no tripulados lanzados desde Moscú se estrellaron en Chernihiv y Sumy. En el frente ruso, el ataque contra el general Alexeïev provoca una tercera detención: Pavel Vasin, hijo de Viktor ya encarcelado. Al mismo tiempo, Zelensky firmó un decreto que permite a los ciudadanos mayores de 60 años realizar el servicio militar bajo contrato y planea cambiar la cadena de mando.

Los ecos del conflicto llegan también a los Juegos Olímpicos, dado que el esqueletista

El ucraniano Heraskevych lleva un casco con los rostros de los atletas que murieron en la guerra, prohibido por el COI. ¿Dónde termina la política y comienza la memoria? Para Zelensky, este casco no era propaganda sino una especie de monumento conmemorativo portátil.

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