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Este martes 2 de diciembre, en el palco de la Cámara de Instrucción, este hombre polifacético, cuya barba de tres días esconde quizás algunos secretos, es un enigma que un juez de instrucción parisino intenta resolver. Sus anchos hombros, cubiertos por un sencillo vellón azul, cargan con el peso de un pasado marcado por el crimen organizado. Nacido en Roma de padres gitanos de origen serbio, Luka no fue a la escuela y adoptó una vida en la que las reglas estaban hechas para eludirlas: un vendedor clandestino de automóviles, relojes y joyas, y tal vez incluso un maestro ladrón.

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