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Han pasado exactamente 2 años: era el 11 de noviembre cuando Filippo Turetta delicado Julia Cecchettin. “No soy un político, no soy un experto. Sólo soy un padre al que su vida cambió para siempre hace dos años. Perdí a mi hija, una niña llena de vida, curiosa, generosa, capaz de ver el bien incluso donde no lo es. A partir de ese día, mi mundo se detuvo, pero yo tampoco pude quedarme quieto.” Como Gino CecchettinEl padre de Giulia, presidente de la Fundación que lleva el nombre de su hija, lo aplaudió durante una audiencia ante la comisión parlamentaria de investigación sobre el feminicidio.

EL FUTURO

“Eventos como estos te cambian para siempre, no hay futuro, incluso te quitan el futuro – añadió -. Un futuro hecho de abrazos, de recuerdos y de días que ya no estarán aquí. Que tenía que llenar de alguna manera y por eso elegí reaccionar y darle sentido a este dolor que amenazaba destruirme. Así nació la Fundación Giulia Cecchettin: no para cultivar la memoria del dolor, sino para transformarla en compromiso, porque si no cambiamos la cultura que genera la violencia, continuaremos llorar por otras Giulias, otras familias, otras vidas rotas.

VIOLENCIA DE GÉNERO

“No estoy aquí para pedir más sanciones ni leyes más duras. La justicia es necesaria, pero siempre llega después. Estoy aquí para hablar de lo que puede ir primero: la prevención y, por tanto, la educación”, prosiguió Cecchettin. “Hoy la violencia de género se describe a menudo como una emergencia, pero no es así – subrayó -. Es un fenómeno estructural arraigado en nuestra cultura, en nuestras lenguas, en nuestros modelos relacionales, en los estereotipos que seguimos transmitiendo. Como fundación “creemos que la única respuesta duradera a la violencia es educar en el respeto, la empatía y la libertad mutua y esto sólo puede ocurrir en la escuela, el lugar donde se forman las personas, no sólo los estudiantes”. No se trata de ideología, sino de civilización – explicó – Hablar de educación emocional significa enseñar a los niños a conocerse a sí mismos, a gestionar sus emociones, a reconocer los límites y a pedir y dar consentimiento. Esto significa enseñar que el amor no es posesión, que la fuerza no es dominación, que el respeto es la base de toda relación. »

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