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Rusia, comprometida militarmente desde 2022 en Ucrania, parece tener tanto que perder como ganar con la guerra en curso en Medio Oriente. Desde el inicio de los ataques estadounidense-israelíes contra Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, los precios de los hidrocarburos han aumentado dramáticamente. Una bendición para Vladimir Putin. Sin embargo, corre el riesgo de perder un aliado estratégico en la región.

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