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El abordaje y la incautación en el Mediterráneo de un petrolero ruso sospechoso de pertenecer a la “flota fantasma” representa mucho más que una operación naval rutinaria. Se trata de una señal política y estratégica que indica un cambio de ritmo en la aplicación concreta de sanciones contra Moscú. y en el papel que Francia pretende desempeñar en el enfrentamiento con Rusia.

Desde hace dos años, la Unión Europea y los países del G7 imponen un amplio conjunto de sanciones contra el petróleo ruso, pero la eficacia de estas medidas ha sido parcialmente eludida gracias a una red de barcos viejos, a menudo con propietarios opacos, banderas de conveniencia y seguros opacos: la llamada “flota fantasma”. Estos petroleros continúan transportando petróleo crudo y productos refinados, proporcionando a Moscú ingresos vitales para apoyar el esfuerzo bélico en Ucrania.

La decisión francesa de abordar un barco en alta marDe acuerdo con la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar y con el apoyo de aliados, rompe una especie de tabú: hasta ahora, muchos países europeos se limitaban a medidas administrativas, controles en puertos o sanciones financieras, evitando así intervenciones directas que podrían interpretarse como una escalada. París está demostrando, por el contrario, que está dispuesta a pasar de la disuasión formal a la acción operativa.

El Mediterráneo es el punto clave de esta estrategia

Se trata de una ruta crucial para las exportaciones energéticas rusas a África, Oriente Medio y Asia, pero también un espacio marítimo cercano a las costas europeas, donde la Unión tiene mayores medios legales y militares para intervenir. Demostrar que los barcos sospechosos no son seguros, incluso en alta mar, aumenta los riesgos, los seguros y los costos logísticos para todo el sistema de flota en la sombra.

Hay entonces una dimensión política interna y europea. Emmanuel Macron está fortaleciendo la imagen de Francia como potencia militar creíble y garante del orden internacional, en un momento en el que el debate europeo está marcado por dudas sobre la sostenibilidad del apoyo a Ucrania. No es casualidad que el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, haya saludado esta operación como un ejemplo a seguir.pidiendo sanciones aún más severas e incluso la confiscación del petróleo transportado.

Finalmente, la operación sienta un precedente. Si la investigación judicial confirma las violaciones, otros países podrían sentirse legítimos para hacer lo mismo, transformando las sanciones de una herramienta esencialmente simbólica a una verdadera palanca coercitiva. Éste es el verdadero significado del enfoque francés: hacer que Moscú comprenda que las sanciones no sólo están incluidas en las regulaciones, sino que pueden tener como resultado la detención de barcos, el bloqueo de cargamentos y que el dinero ya no llegue al Kremlin.

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