Después de leer el fascinante libro de Marc Weitzmann, La parte salvaje, Cuando descubrimos su amistad con Philip Roth, aprecié más la extrañeza de mi relación con Roth -a quien conocí por primera vez en 1992-, sobre la cual todavía me pregunto. Entre él y Weitzmann todo era lógico: dos judíos, dos generaciones, pero algo de la misma historia. Y el inglés de Marc Weitzmann, que sabe escribir en este idioma, es perfecto. Conmigo es exactamente lo contrario. Aparte de mi inglés, que no siempre es fluido, soy mujer y no judía.
Entonces, ¿cuál es este misterio? Escribí, con su consentimiento, un librito para intentar explicarlo y todavía no puedo. Cómo superamos una entrevista inicial en la que desestimó algunas de mis preguntas con un tono brusco. “demasiado académico” a esta dedicatoria de 2014: «Para Jo, mi amigo, mi fiel seguidor y amigo, mi conciencia francesa, Philip. » – ¿Para Jo, mi novia, mi fiel discípula y amiga, mi conciencia francesa –? Como epígrafe de mi libro, Con Philip Roth (Gallimard, 2014), se encuentra esta frase extraída de su novela de 1967, cuando era amable : «No ser rico, no ser famoso, no ser poderoso, ni siquiera ser feliz, sino ser civilizado; Era el sueño de su vida”. Esto es lo que quería contar: una historia de una persona civilizada (todavía los hay), aunque empezó con bastante dureza.
Te queda el 93,64% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.