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El cambio es imperceptible al caer la noche, pero ayuda a darle a la ciudad un aura festiva. Durante unos diez días, con motivo de la Fiesta de las Luces, un cierto número de calles ven modificada su iluminación. En total, casi 1.200 farolas, de los 80.000 puntos de luz del municipio, están equipadas con “gelatina”, es decir, un filtro de plástico coloreado.

Esta metamorfosis nos permite trazar un camino marcado por la dirección de los eventos artísticos, para guiar a los visitantes de la forma más natural posible. Se utilizan dos colores: el rojo traza el recorrido y el azul indica el entorno de los 28 yacimientos distribuidos en siete barrios, donde se ubican las obras presentadas este año.

Colocado en lámparas por funcionarios de la ciudad, este “gelatinización” es el tema de un “organización detallada”, explica Christophe di Grandi, subdirector responsable del mantenimiento del departamento municipal de alumbrado urbano: “El curso evoluciona año tras año, creamos una atmósfera brillante pero no podemos dejarla por mucho tiempo”. El desafío: ninguno

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