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Tomasso Manni

Pakistán y Afganistán están nuevamente en guerra. Islamabad atacó Kabul y otras partes del país horas después de un ataque transfronterizo atribuido a las fuerzas afganas. Otra escalada entre dos vecinos inestables que, apenas el año pasado, firmaron un alto el fuego negociado por Qatar. Anoche, jueves 26 de febrero, según el gobierno talibán, unidades afganas atacaron a las tropas fronterizas paquistaníes en represalia por ataques aéreos mortales anteriores. Al amanecer de hoy se escucharon al menos tres explosiones en Kabul. No hay confirmación inmediata sobre objetivos y víctimas.

El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, alzó la voz: las fuerzas armadas, afirmó, están dispuestas a “aplastar” a los agresores y el país está “al lado del ejército”. Aún más explícito es el ministro de Defensa, Khawaja Mohammad Asif, que habló en X de “guerra abierta”, acusando a los talibanes de haber transformado Afganistán en un centro “para la exportación de terrorismo”. Desde Kabul, silencio.

Las relaciones entre los dos países ya se habían deteriorado, con los cruces terrestres cerrados en gran medida después de los sangrientos enfrentamientos de octubre, que dejaron más de 70 personas muertas en total. Islamabad acusa a Kabul de no atacar a grupos militantes activos en Pakistán; los talibanes lo niegan. La ONU está tratando de frenar. El secretario general António Guterres pidió a ambas partes que protejan a los civiles y vuelvan a la diplomacia. Para Islamabad, estas redadas constituyen una respuesta “apropiada”. Mientras tanto, los civiles están huyendo. Un campo de refugiados cerca del cruce de Torkham fue evacuado después de 13 muertes, entre ellas mujeres y niños. Del lado paquistaní, los residentes y refugiados también están siendo trasladados a zonas más seguras.

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