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En los últimos años, se ha hecho evidente que la enfermedad renal crónica (ERC) afecta de manera diferente a mujeres y hombres y que las mujeres son más vulnerables. Los datos europeos muestran que alrededor del 12% de las mujeres viven con esta patología, frente al 10% de los hombres, una diferencia que puede parecer pequeña pero que, a gran escala, afecta a millones de personas. Y de cara al futuro, las perspectivas no son nada tranquilizadoras. Según el Estudio de Carga Global de Enfermedades, para 2050, más de mil millones de adultos en todo el mundo tendrán ERC. Estamos hablando del 14 al 15% de la población adulta, y las mujeres representarán el 57% de los casos. En Italia, esta tendencia se traduce en entre 7 y 8 millones de adultos afectados para 2050, con una prevalencia femenina estimada entre 4,2 y 4,6 millones.

Enfermedad renal crónica

Como explica Carmelita Marcantoni, de la Sociedad Italiana de Nefrología, las enfermedades renales crónicas también están aumentando en nuestro país. El envejecimiento de la población y el crecimiento de patologías como la diabetes, la hipertensión, la obesidad y el síndrome metabólico crean un terreno fértil para el desarrollo de la patología. A la ERC a menudo se la conoce como el “asesino silencioso” porque al principio no muestra signos claros y muchas personas sólo descubren que la tienen cuando ya se encuentra en sus etapas avanzadas. Pero ¿por qué las mujeres están más expuestas? Parte de la respuesta está ligada a los cambios hormonales: durante la vida fértil, los estrógenos protegen los riñones mediante una acción antiinflamatoria y antifibrótica. Sin embargo, esta protección se desvanece con la menopausia, dejando a las mujeres más vulnerables que los hombres de la misma edad. El embarazo también puede ser un momento delicado: en algunas mujeres embarazadas, la presión arterial alta durante el último trimestre puede tener consecuencias duraderas en la salud renal y cardiovascular. Además, muchas afecciones que pueden causar ERC “secundaria” son más comunes en las mujeres. Las enfermedades autoinmunes, como el lupus, afectan principalmente a las mujeres y pueden dañar los riñones. Lo mismo ocurre con las infecciones urinarias, más frecuentes en las mujeres, que, en caso de recurrencia, pueden dejar huellas.

Acceso diferente a la atención

Las desigualdades en el acceso a la atención también complican la situación. Las mujeres tienen menos probabilidades de recibir un diagnóstico precoz, visitar al nefrólogo con menor frecuencia y, en estadios avanzados, tienen menos probabilidades de acceder a diálisis o a un trasplante que los hombres. A menudo eligen tratamientos conservadores, especialmente en la vejez. Un dato emblemático: son más las mujeres que donan un riñón a un hombre que al revés. Sin embargo, paradójicamente, las mujeres están subrepresentadas en los ensayos clínicos, que reclutan a más hombres y no tienen suficientemente en cuenta las diferencias de género. Para reducir estas disparidades, concluye Marcantoni, es fundamental aumentar la información, reforzar el cribado entre las mujeres, garantizar la igualdad de acceso a terapias y trasplantes y adoptar prácticas clínicas que reconozcan y valoren las diferencias biológicas y sociales entre hombres y mujeres.

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