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París acababa de despertar de una noche de matanza, el 14 de noviembre de 2015, el país seguía contando sus muertos y un debate tan antiguo como el terrorismo ya sacudía a la sociedad: Francia había sido atacada por su “valores”como inmediatamente declararon varios líderes políticos, o por sus operaciones militares, como reza un viejo lema: “Tus guerras, nuestras muertes” – ¿Actualizado por el Nuevo Partido Anticapitalista en un comunicado de prensa emitido el día después de la masacre?

En otras palabras, ¿es Francia un enemigo ontológico de los terroristas o un objetivo estratégico? Por su carácter binario, esta cuestión parasita cualquier intento de analizar las motivaciones profundas del mayor atentado yihadista jamás perpetrado en suelo francés, el del 13 de noviembre de 2015 y sus 132 muertes (incluidos dos suicidios tras los atentados). De hecho, el yihadismo es un fenómeno complejo, que se nutre de la ambigüedad y no está exento de contradicciones.

El propio grupo Estado Islámico (EI) mantuvo esta ambivalencia en su comunicado de reivindicación. Si el texto presentaba París, “capital de abominaciones y perversiones”como un obstáculo ideológico, Señaló que Francia estaba en el punto de mira por tener ambos “Se atrevió a insultar (EL) Profeta » Y ser “Se jactaba de luchar contra el Islam en Francia”, pero también para golpear “Musulmanes en la tierra del califato con sus aviones”.

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