Por Alain Grandjean, Lucie Pinson, Vincent Jacques le Seigneur y Stéphane His
La reciente decisión de abrir la financiación Livret A a la nueva energía nuclear marca un importante punto de inflexión en la política energética francesa. Se inscribe en una orientación gubernamental que desea movilizar los ahorros de los franceses al servicio de inversiones a largo plazo, presentadas como objetivos de soberanía energética y descarbonización. Pero esta orientación, centrada en una tecnología, no puede constituir una política energética coherente. ¿Por qué, de hecho, reservar esta herramienta para una única tecnología, incluso si la transición energética se basa, por su naturaleza, en la complementariedad de soluciones?
Desde hace varios años, los poderes públicos defienden el principio de neutralidad tecnológica. Este principio, que está en el centro de la política europea energética y climática impulsada por Francia, consiste en no privilegiar una tecnología a priori, sino en orientar las inversiones hacia las soluciones más eficaces para alcanzar los objetivos fijados: descarbonización, seguridad del suministro, control de costes.
Sin embargo, al reservar efectivamente el acceso al Livret A únicamente a la energía nuclear, Francia se aparta de este principio. La transición energética debe basarse en un conjunto de soluciones. La difusión de las energías renovables, junto con la electrificación de usos, el desarrollo de redes y capacidades de almacenamiento, constituye una parte importante de ello. El propio gobierno lo reconoce en su estrategia, que menciona estas palancas, aunque la energía nuclear sigue ocupando un lugar central.
Si bien los acontecimientos actuales nos recuerdan la urgencia de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de un mercado que es estructuralmente volátil por naturaleza, la energía renovable parece ser la solución más rápida para reducir las facturas de energía y limitar la exposición a los precios del gas, que siguen determinando, en muchas situaciones, el precio de la electricidad en Europa.
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Movilizar a Livret A a favor de las energías renovables puede ser una de las soluciones, pero no puede ser suficiente. Es necesario aprovechar plenamente otras herramientas: aumentar los objetivos de difusión pública para dar visibilidad a las partes interesadas, orientar la financiación bancaria más hacia estas tecnologías reasignando a aquellos que todavía contribuyen a la construcción de nuevos proyectos de energía fósil, o incluso movilizar a los bancos centrales introduciendo condiciones de financiación diferenciadas favorables a las inversiones bajas en carbono.
Fortalecer las estructuras financieras para las energías renovables, la infraestructura de red, el almacenamiento y la electrificación ayudaría a acelerar las inversiones necesarias para descarbonizar la economía. También nos permitiría maximizar el impacto del ahorro francés, poniéndolo al servicio de una transición energética eficiente y económicamente sostenible.
En un momento en que Francia debe acelerar su transformación energética, es imperativo no frenar la implementación de soluciones ya identificadas como esenciales. Al contrario, es urgente crear las condiciones para su óptimo despliegue. Por tanto, el Livret A podría constituir una palanca al servicio de una política energética más coherente y mejor adaptada a las necesidades reales de la transición.
Alain Grandjean, economista, Lucie Pinson, fundadora y directora de la ONG Reclaim Finance, Vincent Jacques le Seigneur, presidente de Observ’ER y Stéphane His, presidente de la asociación Energías Renovables para Todos.
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