Desde el siglo XIX, nuestra esperanza de vida ha seguido aumentando, en correlación con la evolución de nuestros conocimientos médicos. Sin embargo, desde hace varias décadas, la curva permanece estancada o incluso tiende a invertirse. ¿Para eso? Las infecciones y enfermedades que mataron a la mayoría de nuestros antepasados se tratan muy bien hoy en día, entonces, ¿cuáles son las nuevas enfermedades que están causando nuestra ruina?
Hasta la llegada del baby boom, los seres humanos en general vieron mejorar sus condiciones de vida –a excepción de las dos guerras mundiales, claro está– hasta que la tendencia… se invirtió. Generación
De hecho, esta generación “rebelde” ha participado en un uso generalizado del tabaco y de la comida chatarra que ha dejado su huella. Otro factor que explica el estancamiento de la esperanza de vida, y no el más alegre: el aumento”murió de desesperación», muertes por sobredosis, alcoholismo o suicidio.
Un ambiente mortal
El estudio realizado por la investigadora Leah Abrams y difundido por Popular Mechanics explica que los comportamientos sociales tuvieron un enorme impacto en estas muertes. De hecho, la cultura de la rebelión, puesta como modelo, ha animado a varias generaciones a fumar cigarrillos, cannabis y consumir todo tipo de sustancias nocivas, sentando las bases de los cánceres actuales.
Nuestro medio ambiente y nuestro estilo de vida también tienen la culpa. Cuando se trata de problemas cardíacos, aunque la medicina ha avanzado mucho en los últimos años, sometemos nuestro cuerpo y nuestra mente a nuevas fuentes de estrés. El sedentarismo, la contaminación, sin olvidar nuestros vicios ya consolidados como el alcohol o el vapeo: un cóctel tóxico que frena la capacidad de recuperación del organismo.
Estados Unidos, donde se realizó el estudio, está lejos de estar en la mejor posición en términos de longevidad entre los países desarrollados. Las instalaciones sanitarias inadecuadas, las desigualdades sociales cada vez más profundas, la cuestión de la longevidad y su estancamiento son aún más apremiantes al otro lado del Atlántico.
Por tanto, el gran desafío del siglo XXI no será sólo médico. Prevenir enfermedades se ha vuelto tan importante como tratarlas y, por ello, es fundamental cuidar el mundo en el que vivimos.