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La reflexión parte de un dato que se desprende del último informe del CNEL (Consejo Nacional para la Economía y el Trabajo) sobre la productividad: en los últimos 30 años, el crecimiento de la productividad en Italia ha experimentado una dinámica más lenta en comparación con los principales Estados europeos, con un aumento medio anual que se sitúa en torno al 0,2% frente a la media del 1,2% registrada en la UE 27 (Alemania tiene una tasa del 1,0%, Francia del 0,8% y España del 0,6%). Nuestro país, por tanto, ha puesto de relieve dificultades para mantener el ritmo de innovación y esto también se ve afectado por un retraso estructural en las habilidades digitales. Y en un mundo donde la inteligencia artificial y la automatización avanzan a un ritmo vertiginoso, se hace necesario comprender por qué los procesos operativos de las empresas italianas no están a la altura de los de otros países.

La “Hoja de ruta para la reinvención de un extremo a otro” de BCG intenta desarrollar una guía para repensar todo el proceso de creación de valor. El análisis de la consultora estadounidense se centra en primer lugar en un aspecto objetivo e ineludible: a pesar de las sucesivas revoluciones tecnológicas -primero Internet, luego la nube y hoy la IA generativa-, el crecimiento de la productividad a escala global está resultando decepcionante. Si nos fijamos únicamente en Europa, el PIB por hora trabajada sólo ha aumentado una media del 0,6% anual durante las últimas décadas. La paradoja es obvia: a pesar de la existencia de nuevas y poderosas herramientas, poco ha cambiado en términos de eficiencia real y la tecnología (ésta es la hipótesis) no ha generado aumentos de productividad tan incisivos como se podría haber pensado. Hay dos razones principales para esta (inesperada) desaceleración: la primera es que las empresas aplican nuevas tecnologías en flujos de trabajo obsoletos, sin repensar radicalmente procesos de negocios rara vez actualizados; el segundo está relacionado con la presencia de silos organizativos y una gobernanza fragmentada que reduce los impactos con respecto a objetivos que siguen siendo sectoriales.

Reinventar los procesos de negocio

Según los expertos, no se trata de un problema tecnológico porque este componente está ampliamente disponible, pero si el valor creado está esencialmente estancado, es una señal de que falta una verdadera integración entre tecnología y procesos y que lo que hay que repensar es la forma de trabajar. La clave, según BCG, es un enfoque de extremo a extremo (la “reinvención de extremo a extremo” a la que se refiere el estudio) que lleva a repensar toda la secuencia de actividades y no a optimizarlas pieza por pieza. En otras palabras, el objetivo final a alcanzar ya no es solo una optimización incremental sino una reinvención completa de los procesos de negocio y las operaciones individuales que abarque todo el flujo de valor desde el front office hasta el back office, rompiendo fronteras entre las diferentes funciones, realineando transversalmente los objetivos organizacionales, eliminando actividades existentes y redefiniendo la forma de trabajar con nuevas tecnologías. ¿Los efectos de esta “reinvención”? Según los analistas, este tipo de transformación puede generar ganancias de productividad de tres a cuatro veces mayores que las intervenciones tradicionales de mejora continua.

Para los directivos – y la invitación se dirige sobre todo a los italianos que trabajan en medianas y grandes empresas – las implicaciones son claras: no basta con introducir nuevas tecnologías y herramientas digitales, es necesario redefinir el modelo operativo, fomentar la colaboración entre funciones y mejorar los beneficios de la transformación a través de una visión y una gobernanza sólida. Sólo así podrá finalmente despegar la productividad, en lugar de permanecer estancada en tasas de crecimiento muy modestas.

Salvatore CaliSocio y Director Asociado de BCG, explicó por qué este replanteamiento sistémico e integrado de los procesos se ha vuelto esencial para pasar del valor potencial al desempeño real y, sin embargo, transformar la innovación en un verdadero motor de productividad. “Hoy en día – explica el directivo – las empresas se enfrentan a desafíos complejos, escenarios geopolíticos impredecibles, competencia hipercompetitiva y necesidades de los clientes en constante evolución. mejora continua que ha funcionado durante décadas como modelo de excelencia, ya no es suficiente: necesitamos una reinvención continua capaz de aprovechar la tecnología para repensar la propia forma de hacer negocios.

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