La previsión trimestral revisada publicada por Rexecode este viernes 19 de diciembre muestra que la disminución de las emisiones de CO2 se está desacelerando significativamente y que la dinámica de descarbonización de la economía francesa está perdiendo impulso. El instituto prevé un volumen de emisiones de 366 millones de toneladas de CO2 equivalente (MtCO2e) para 2025, frente a 367 MtCO2e en 2024. Esta disminución marginal del 0,5% contrasta con las ambiciones de la Estrategia Nacional Baja en Carbono (SNBC), cuya versión revisada exige una reducción del 5% anual para cumplir los compromisos climáticos del país.
Esta revisión a la baja del desempeño medioambiental francés se explica en parte por un ajuste del modelo. Las estimaciones anteriores para septiembre de 2025 carecían de un excesivo optimismo tecnológico. El nuevo modelo ahora integra de manera más rigurosa eventos económicos, como los cambios de temperatura y el nivel real de actividad económica, en lugar de depender únicamente de ganancias teóricas de eficiencia a largo plazo.
El sector de la construcción pesa sobre la huella de carbono
Ésta es la desventaja de esta nota. Aunque el sector ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos años debido al shock energético, se espera que las emisiones de los edificios aumenten un 4,9% en 2025 hasta alcanzar las 58 MtCO2e.
Este cambio es principalmente meteorológico. Las temperaturas mínimas en los meses más fríos cayeron una media de 1,2°C en comparación con 2024, o un descenso del 15%. Ante este duro clima, los esfuerzos para renovar energía y modernizar los sistemas de calefacción están resultando insuficientes para compensar el aumento de las necesidades de calefacción. Esta recuperación también sugiere una reactivación del comportamiento del consumidor anterior a la crisis.
Industria y transporte: descarbonización a baja velocidad
En la industria manufacturera, la caída de las emisiones se mantiene en el 2,8% (previsión 60 MtCO2e). Este notable logro se produce a pesar de un aumento de la producción industrial de casi el 2%. Las inversiones en eficiencia energética aquí logran compensar en exceso el crecimiento del volumen, aunque persisten disparidades significativas: mientras que los productos químicos y los minerales no metálicos están disminuyendo, las refinerías y la metalurgia están viendo aumentar sus emisiones.
El sector del transporte, el mayor contribuyente nacional, permanece prácticamente paralizado con una erosión equivalente a sólo el 0,6% de sus emisiones (124 MtCO2e). Si la electrificación del parque automovilístico es una realidad, su impacto queda diluido por la omnipresencia de los motores de combustión interna: los vehículos 100% eléctricos todavía representan sólo el 3% del parque en circulación. El uso real de vehículos de carretera está estancado, anulando los avances tecnológicos realizados en los nuevos modelos.
Crecimiento del PIB desconectado del ritmo climático
La agricultura y la producción de energía muestran trayectorias más favorables. El sector agrícola vio disminuir sus emisiones un 2,5% (74 MtCO2e), movimiento impulsado por la reducción de la ganadería y un uso más racional de los fertilizantes nitrogenados. Por el lado energético, la producción de electricidad continúa la senda de la descarbonización (-9,5%), aunque esta ganancia es absorbida en parte por el aumento de las emisiones vinculadas a la producción centralizada de calor.
En general, esta desaceleración de la disminución de las emisiones se produce en un contexto de crecimiento económico moderado, con un crecimiento del PIB del 0,9% en un año. Si el país ya no pudiera vincular mecánicamente el crecimiento y la contaminación, el ritmo actual sería insuficiente. La recalibración de los datos, que ahora converge con los datos del Centro Técnico Interprofesional de Estudios de la Contaminación del Aire (Citepa) que mencionan 366 MtCO2e, confirma que Francia se está alejando de la trayectoria de reducción anual del 5% necesaria para cumplir sus compromisos de transición.