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cual es el Pakistán con la guerra en el Medio Oriente? Hay una personalidad en Islamabad que actúa lejos de los reflectores pero que ha ganado un peso significativo. se trata de Asim Munirjefe del ejército paquistaní y verdadero director de una delicada mediación Entre ESTADOS UNIDOS Y Irán. En medio de escaladas y rivalidades históricas, el generalísimo ha logrado forjar un papel clave mediante una combinación de influencia regional, conexiones personales y habilidades de maniobra diplomática. Resultado: Pakistán, tradicionalmente considerado un actor secundario en Medio Oriente, ahora se presenta como un actor secundario. intermediario creíbleaprovechando su posición geográfica, su vínculo con el mundo islámico y un canal privilegiado con Washington.

El papel del general paquistaní

como el escribio RepúblicaDetrás de los intentos de desescalada entre Washington y Teherán hay un movimiento nuevo eje compuesto por Pakistán, Arabia Saudita, Turquía Y EgiptoA “Cuarteto” sunita. unidos por la necesidad de evitar un conflicto abierto en el Golfo.

En este diagrama, Munir aparece como una figura de referencia, capaz de dialogar con Donald Trump y al mismo tiempo mantener un canal abierto con el liderazgo iraní. Su ascenso también se vio favorecido por la dinámica interna: en casa, consolidó un poder sin precedentes, fortaleciendo el papel de los militares e influyendo directamente en la política exterior.

Su objetivo no es sólo evitar una guerra, sino también redefinir los equilibrios regionales, mediante la construcción de una red de cooperación entre potencias suníes capaz de contrarrestar la influencia iraní e israelí. En este contexto, Islamabad ofreció su territorio como lugar para posibles negociaciones directas, demostrando un deseo de protagonismo nunca antes visto.

El gol de Munir

Hay que tener cuidado, sin embargo, porque esta estrategia conlleva riesgos importantes: Pakistán debe equilibrar relaciones complejas, evitando comprometer sus relaciones con Teherán, y al mismo tiempo permanecer alineado con los intereses de sus socios suníes y de Estados Unidos.

En cualquier caso, el panorama se enriquece aún más si miramos, como Neoyorquinosa la dimensión personal y estratégica de la relación entre Munir y Trump. El general pudo construir un enlace directo con el expresidente estadounidense, utilizando una diplomacia basada también en la adulación y las oportunidades económicas, presentando a Pakistán como un aliado indispensable y un centro de recursos estratégicos.

Esta relación permitió a Islamabad volver al radar de Washington después de años de marginación, particularmente después de la retirada de Afganistán.

Pero detrás de esta proyección internacional se esconde una compleja realidad interna: el poder del general se basa en un control cada vez más acentuado de la política y la economía, mientras Islamabad se enfrenta a crisis económicas y tensiones sociales. Por lo tanto, la mediación entre Estados Unidos e Irán no es sólo una operación geopolítica, sino también una herramienta para fortalecer la legitimidad interna y revivir el papel de Pakistán.

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